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Peloteros del Caribe colombiano… (04/02/2’026)

Peloteros del Caribe colombiano… (04/02/2’026)

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El estampado del uniforme indica que esta fotografía fue en el año de 1’987. Cuando mi materno tío y padrino Prisciliano León-López (16 de Febrero de 1’949 – 13 de Julio de 2’002) trabajaba como almacenista en la Electrificadora de Bolívar perteneciendo también al sindicato de la misma, en la que se pensionó después. Era uno de los organizadores de estos campeonatos de sóftbol, y bastante amigo de William Murra. Tenía muchas gorras, y también manillas y bolas. Se sentaba a ver por Telecaribe los juegos de las grandes ligas de béisbol así como también las peleas de boxeo y los fines de semana a escuchar los chistes de Cheverísimo como también mi tío Sebastián León-López quien fuera también pelotero y entrenador pero de CORELCA. Veíamos películas, y nos sacaba a pasear a playa e incluso a los diferentes campos donde le tocaba jugar como el de Bocagrande y más cercano aún: el del Playón en Chambacú. Nos llevaba al Coliseo Bernardo Caraballo cuando había algún evento deportivo. Cuando llegaba la “Ciudad de Hierro” también nos llevaba, y nos pagaba la entrada a circos que también llegaban, bueno, le gustaba que recreáramos la mente. Cuando yo iba a nacer un 10 de Febrero de 1’989, al observar que a mi madre no la atendían bien en otras clínicas, mandó a mi tío Sebastián para que la llevara a parir al famoso y prestigioso y célebre “Club de Leones.”

Le gustaba la buena vida porque la ganaba bien. Quería a los animales, tanto que tenía el patio lleno de pavos y gallos y gallinas y pollitos. Le gustaba el pesca’o y le compraba a mi abuela bocachico para hacerlo en viuda. Le regalaba plata a la gente cuando tenía una necesidad urgente. Aunque a muchos amigos les mandaba ron y cerveza y bailaban son cubano o a lo que llamamos salva brava. Recuerdo una vez que compró un balde lleno de cangrejos para hacer arroz de cangrejo y de repente todos esos cangrejos se salieron y caminaron por toda su casa en la calle de las Carretas de Torices, y en los cuartos y baños y sala y patio y demás recorrieron los cangrejos, y las mujeres empezaron a gritar, y después los recogieron y comimos arroz de cangrejo. Le gustaba mucho el marisco y la huevera del pesca’o, estando niño me dio a probar una y todavía recuerdo el sabor. 

Era muy querido por la gente, lo conocían mucho, y tenía muchas enamoradas con las que también salía y pasaba oloroso con esos perfumes finos que usan mucho los sindicalistas, los salseros, los peloteros del Caribe en general. Lo mandaban a hacer cursos, aunque antes de trabajar en la ELECTRIFICADORA estuvo trabajando en la Licorera de Bolívar donde se pensionó también mi abuelo. Por su trabajo iba mucho a Barranquilla, y aprovechaba para visitar a un hermano mayor por parte de padre llamado Adalberto León y a traer mercancía de allá porque resultaba más económica la ropa, por ejemplo, y me compraba buenas pintas. Influyó mucho en mí, era un bacán, una persona sencilla, desapegada del dinero el cual no le importaba compartir, no le gustaba pedir rebaja a los carretilleros que vendían frutas y verduras, no era tacaño y decía que ellos trabajaban mucho como para pedirles rebaja, eso ni por la mente le pasaba y, pasaba el señor que vendía la leche y queso, y también recuerdo a uno arjonero que vendía mondongo y cerdo. Todo eso iba de alguna manera formándome también y me encantaba esa cotidianidad. Le encantaba el chicharrón con yuca y también con patacón. Por eso yo soy caballo de buena boca, como de todo. Como cuando le preguntan a mi madre la gente que si a mí me gusta comer esto o lo otro, ella dice: “¿Qué es lo que no le gusta a José Antonio?”

Lo esperábamos con emoción mis primas y yo todas las noches, nos traía siempre algo, alguna chuchería. Quiso mucho a mi madre, como a mí también, y sin lugar a dudas le preocupaba su felicidad, por eso en vida la ayudó mucho. En este sentido yo fui un niño privilegiado, consentido y mimado, en realidad nunca me faltó nada, toda mi familia materna tuvo buenos empleos, mi madre por ejemplo trabajó en Drogas La Rebaja. Mi abuela tuvo la pensión después de mi abuelo –que también fue Policía– cuando falleció. Pero, quien mandaba la parada en toda la familia era como yo de niño le decía cariñosamente: “Mi papá Prisciliano.” Que también prestó servicio militar en la Armada. No me quejo, fui un niño feliz, que cultivaron con amor y eso me inculcaron, no con los dichos, sino que con los actos, tuve muchos juguetes, atención médica, alimenticia, acceso a prioridades, y por eso cuando observo a niños que viven en paupérrimas condiciones me entristece. Por eso soy como soy. Pero la mayor herencia que he recibido de mi tío y padrino Prisciliano León-López es su humildad, por su amor desinteresado y comprensión al resto de seres humanos. Es lo que he aprendido, diría que el mejor legado. Porque sin esto hoy no sería lo que soy, ni estaría siguiendo el camino que llevo hacia una realización interna todavía más trascendental y evolucionada. Por eso le digo: ¡Gracias a mi querido tío y padrino! ¡Gracias papi por tu gran e inconmensurable amor!

Por José Antonio Támara-León.

El Escribidor de La Loma del Diamante.

Candidato a Senado de La República de Colombia 2’026-2’030 por el partido político PACTO HISTÓRICO.

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