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¿Por qué soy de izquierda si fui militar?

¿Por qué soy de izquierda si fui militar?

A veces me preguntan que si presté el servicio militar por qué soy de izquierda. Esa es la lógica ilógica de muchos. Bueno, cuando ingresé ya tenía de alguna manera una formación con respecto a la crítica social, me enseñaron a no tragar entero, a indagar, a devorar libros, a observar y analizar, porque fui criado también por personas ilustres, como mi padre, entre otros familiares y amigos, por ejemplo. ¿Acaso todo militar tiene que ser de derecha o de izquierda? No, aunque en eso es en lo que se adoctrina. La Fuerza Pública y Militar no debe ser utilizada para intereses particulares como bien ha sucedido en nuestro país. Lo bueno es que en ese momento la Armada nos daba cursos de Derechos Humanos, por eso los guerrilleros que se desmovilizaban preferían entregarse a la Infantería de Marina que al glorioso Ejército Nacional, porque allá los mataban.

Precisamente prestar el servicio militar me hizo ser más de izquierda. Porque me di cuenta de cerca que mientras el pueblo se mata entre sí por las ideas de otros que están arriba, los que están arriba toman, y beben y se emborrachan y comen glotonamente, y sus hijos riquillos no van a la guerra a pelear su pelea. Me di cuenta más de cerca que el pueblo no estaba peleando la pelea de él, sino la de la oligarquía nefasta y egoísta y ladrona de los recursos naturales de la Nación. Aunque, al menos Santos hizo el parampampán con su hijo y lo mandó a prestar el servicio militar, aunque fuera en oficinas. Porque hay otros que hasta culillo les da estar dentro de un Batallón en playa, brisa y mar como Cartagena (Bolívar). No están hechos para eso, son puros filipichín.

Me di cuenta de cerca como sufren los pueblos directamente el conflicto. Los niños sufren, los adultos mayores, y la violencia cotidiana por sobrevivir es deprimente. Mientras que en los condominios y mansiones de las ciudades la pseudoaristocracia de la nueva burguesía traqueta y narcotraficante junto con sus hijos piden guerra para mantener su estatus y su falsa realización a punta de derramamiento de sangre y disfrazarse de gente de bien. No son más que una partida de cobardes que a cada rato se preguntan por qué no me matan por lo que digo, hago y escribo. ¿Por qué no vienen ellos mismos a hacerlo? ¿Por qué no ejecutan ellos mismos lo que proponen? ¿Por qué no me lo dicen personalmente sin necesidad de que contraten a una bandita criminal como alguna vez lo hicieron? Todavía no se me olvida. Los violentos son ellos, pero mandan porque tienen el dinero para pagar a gente todavía más mediocre e inculta que ellos y que les rinden pleitesía, más no tienen el coraje para venir ellos mismos. No porque yo vaya a agredirlos ya que los histéricos son ellos, sino, porque tienen miedo de controvertir con uno personalmente, porque no tienen ni la fuerza mental ni el criterio ni el carácter ni el genio para contra argumentarle a uno con altura y con decencia, y eso les asusta, por eso andan en grupos. Son seres humanos vacíos, elementales y básicos, que aunque tenga mucho dinero equivocados están y ese dinero mal habido no es el que da la razón, sobre todo, porque carecen de un verdadero honor, porque no es el dinero el que da la clase, y por eso les dejo siempre claro que su comportamiento ruin no los dejará salir nunca de la verdadera ralea a la que pertenecen.

También presté el servicio militar porque quería entrenarme, aprender otras cosas, porque es común en nuestros barrios populares que vecinos y amigos y familiares hayan prestado el servicio militar y, uno no quiere tampoco quedarse atrás. Aunque me fui a los 19 años, y estuve entre los 20 y 21 años ahí. No me fui a los 18 porque tenía esa controversia de tomar las armas contra un semejante, pero lo hice teniendo eso claro, y siempre me cuidaba de no atentar con mi arma de dotación contra ninguno, hasta que alguna vez nos hostigaron y tocó hacer una que otra ráfaga... Entonces, para qué contar esta gran aventura. Lo que sí digo es que más de un clasista sin clase, arribista, que apenas sabe de uno hoy vive equivocado con uno por ser decente, y aunque los tengo vistos, se delatan solos, porque tienen el pecado encima, y por eso se ponen rojos y les tiemblan las piernas, mas les falta coraje para abordarme, no obstante les advierto que, cuidado y se estrellan.

Por José Antonio Támara-León.

El Escribidor de La Loma del Diamante.

Candidato a Senado de La República de Colombia 2'026-2'030 por el partido político del PACTO HISTÓRICO.

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