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Reseña sobre “El nombre de La Rosa” de Umberto Eco… (13/04/2’026)

Reseña sobre “El nombre de La Rosa” de Umberto Eco… (13/04/2’026)

Por lo general cuando alguien realiza una reseña sobre una obra literaria, describe y hace un resumen literal de la obra, más no profundiza en el espíritu figurado del mensaje de la misma que va más allá de que el autor ponga en ella a personajes primarios y secundarios y terciarios, va más allá de los protagonistas principales. Y en este sentido incurren la mayoría de los académicos, que observan la obra desde un punto de vista más terrenal, más mundano, más de esta tercera dimensión. Anquilosando así el verdadero objetivo de una verdadera Literatura y, en especial de un Escritor tan trascendental e iluminado y con profunda erudición como la de Umberto Eco. Porque literalmente podría uno decir como si se tratara de un chisme que el monje Guillermo de Baskerville fue encargado para investigar la extraña muerte de Adelmo, otro monje y bibliotecario. Muerte ocurrida en la Abadía o Monasterio de Melk.

Puede uno seguir describiendo que Guillermo iba acompañado de su novicio, Adso (estoy aquí), quien es el narrador o cronista de esta historia, porque Umberto Eco aclara antes, que no es el verdadero autor, sino que es una traducción de un manuscrito escrito en el siglo XIV o, más bien una fiel copia del texto original del cual se pretende que fue escrito por Adso de Melk y luego copiado por el abate Vallet. Encontrado después en el siglo XVII por un erudito del momento. Pero que, sin embargo, por haberse familiarizado y tomado cariño al manuscrito escrito en Francés el cual tradujo a su idioma, decidió firmarlo como si fuera de su autoría. Sea cierto o no, es una gran invención para plasmar ciertos códigos que no todo el mundo está en capacidad de descifrar y que la gran mayoría tomarán la novela como mero entretenimiento o como un libro más del montón para distraer o recrear los momentos de “ocio” o pasa tiempos y, después de ello volver a aterrizar a la realidad de este sistema de cosas rutinario que nos han vendido como verdad.

En ese caso pienso que entender en un buen porcentaje el mensaje profundo que los Iniciados conocen no por pertenecer a una secta u organización secreta como la Orden de los Templarios, sino, que, por manifestación y revelación Divina, donde uno recibe directamente el conocimiento del Arquitecto Universal porque esa ha sido su voluntad sin ningún intermediario. En este sentido las bibliotecas más antiguas que guardan secretos en libros escritos por iluminados que fueron tocados por el dedo de Dios (YHWH), cuando llegan a desaparecer por la furia del fuego que se alimenta de las páginas que devora hasta volverlas cenizas, queda este conocimiento transformado en otro estado de la materia. Además que no hay mejor biblioteca que el mismo ser de uno cuando despierta la consciencia y, que desde nuestro interior empieza a emanar y fluir a borbotones el saber que uno intenta compartir con buenos y malos, o, justos y pecadores, sin miedo o temor de que llegue a ser conocido por el inicuo; porque tal conocimiento procede del Magnánimo, del Hacedor de todo conocimiento que está basado sobre principios y valores morales que el Diseñador ha fundado y convertido en las bases de la estructura que sostienen al universo tanto dentro como fuera de él. En este sentido anterior pretender el inicuo utilizar dicho conocimiento para satisfacer su maligno proyecto, llegan a ser la causa de su misma autodestrucción…

Ahora, siguiendo con el chisme del relato, podría seguir diciendo yo que existió una Biblioteca secreta en el Monasterio de Melk. Y en ella algunos cuartos secretos donde hubo libros que la humanidad aún desconoce. Además que esta Biblioteca y sus secretos eran conocidos única y exclusivamente por el bibliotecario y luego por aquel por quien fuera reemplazado. Que por lo general el bibliotecario terminaba siendo con el tiempo el Abad del Monasterio, el amo y señor del Castillo, como una especie de Conde o un príncipe de la Iglesia, quizá no un Cardenal, pero sí una persona importante para el Papa por su poder místico y metafísico, quizá hasta más que el mismo Papa, aunque no lejos de sus comprensiones.

Que Guillermo debía averiguar si Adelmo fue asesinado o se suicidó, y, si lo mataron, encontrar al criminal. Que luego al proseguir con la investigación sucedieron otra serie de muertes de otros monjes o novicios que intentasen indagar sobre los secretos que a juicio de alguien no deberían ser conocidos por el vulgo o público en general. Quizá por miedo a perder el control si la humanidad mentalmente llegase a ser libre y en su psiquis quitarse las cadenas que aún la atan. Después, en el transcurso de esto encontrar la relación entre las muertes que resultaron después de la de Adelmo. Que incluso hasta se llegó a insinuar que dentro de la Abadía algunos monjes como Berengario, Venancio y Adelmo sostuvieron relaciones homosexuales, sin lugar a dudas una afirmación para distraer y confundir sobre el verdadero objetivo que causó estas extrañas muertes. Hasta el punto de que el Cillerero Remigio se declarara culpable en un delirio de todos los crímenes sin serlo, que lo llevaron a pensar que había sido el asesino de todos.

Hasta el monje Guillermo ya de ante mano conocía el laberinto de la Biblioteca y la mayor parte de sus secretos, que luego comentó al Abad Abbone la situación, y que por ende y por eso el Abad le dice que acabe la investigación y no siga más, que se retire de la Abadía, no porque el Abad fuera el culpable, sino, porque quería proteger la reputación de la Abadía, como si ocultar la verdad y vivir de apariencias borrara la realidad de los hechos. Cuando la realidad es que dentro de la Abadía ocurrían cosas extrañas y se le ocultaba a la humanidad el conocimiento que podía hacerla libre. Luego Guillermo aparenta irse de la Abadía y entra por otra parte al laberinto, hasta encontrar la entrada de un recinto llamado “El final de África”, pero, escrito en Latín, porque los libros estaban escritos en diferentes idiomas, pero en su mayor parte en Latín, también en Griego, Árabe, entre otros.

Y al llegar al “finis africae” de la Biblioteca, Guillermo se encuentra con el monje ciego, autor intelectual de todos los crímenes de alguna u otra manera. Un monje con más de cuarenta años en la Abadía que antes de quedar ciego leyó muchos libros de la Biblioteca y consideró al “Aristóteles” un libro prohibido porque enseñaba a pensar. En su juicio decía que la humanidad se perdería si llegase a salir este conocimiento de la Abadía, por eso en el nombre del Señor y considerándose un instrumento del mismo, asesinó a varios envenenándolos cuando leían el libro porque las páginas estaban envenenadas y si se utilizaba sin guantes morían si se pasaban el dedo en la lengua para ir hacia otra página del libro. Total que el ciego Jorge terminó incendiando toda la Abadía y con él prácticamente todos los libros. Por eso he pensado que cuando se queman en realidad bibliotecas importantes es con ese objetivo egoísta. También se quemó el “Aristóteles”. Fue una tragedia. Así que pasado los años después de los hechos, Adso hizo una diligencia cerca y no aguantó la curiosidad para observar qué seguía siendo del lugar, encontró ruina. Entonces encontró algunos libros que se podían rescatar y con estos reconstruyó una Biblioteca menor que según él puede que algo diga, pero que nada dice en realidad… Esta puede ser quizá una descripción literal que puede ser importante, sin embargo, me interesa una más profunda y figurada que sigo a continuación…

Decía mi abuela materna Carmelina de que el Diablo empuja la mano, que habla al oído y que hace que las personas se porten mal. Quizá lo decía no desde ni con un conocimiento profundo, quizá desde la superstición del creyente, de lo que el Cura podría decir en la misa de forma coloquial y en su ritual catequista que está alimentado tanto por el paganismo como por el cristianismo. Lo decía mi abuela convencida de la existencia de un mundo invisible de otras dimensiones y con espectros superiores. Quizá no desde la Teología profunda o desde el lenguaje epistemológico que nos lleva hacia estas comprensiones místicas.

Partiendo de esta idea si existe un ser maligno que tenta a la humanidad, que conoce su comportamiento y debilidades, y que cualquier ser humano es tentado por el mismo, desde el que tiene poder terrenal como del que nada tiene, y es inducido hacia comportamientos malignos para con su semejante, su prójimo, y empieza a desarrollar actitudes egoístas como la avaricia, la codicia, el apego a cosas nimias, el crimen como el asesinato y el robo, y el engaño que conduce en su esencia maligna hacia el autoengaño y a vivir en un espejismo de una falsa realización y falsa grandeza, porque conduce al ser a confiar en riquezas externas, mundanas, terrenales y ve los placeres efímeros del mundo como el goce, y confunde la libertad con el libertinaje y cuida de ello con celo y se resiste a perderlo porque se obsesiona, se obnubila, se condena a su autoeliminación, aunque desea tenerlo para siempre, y pierde el alma y el espíritu, y es quien menos cree en la existencia del Diablo, porque se habla de él, se dan interpretaciones sobre él, hasta decir que “el Diablo es uno mismo” para justificar sus actos, y así llevar al mundo a guerras por ejemplo, a fin de vivir los placeres que el Diablo da y que después cobra con la vida y la existencia. Placeres como el antro, la pedofilia, los placeres que descomponen el equilibrio universal, la Sodoma y la Gomorra; comportamientos que van induciendo luego al genocidio de la humanidad, a las masacres, a los gobiernos corruptos y dictatoriales, a la culpabilidad o a culpar, mirándolo desde aquel que tiene poder político y económico, porque desde lo más universal que es la aldea, también se vive la tragedia; pandillas, sicariatos, familias que se matan con otras o entre ellas, propaganda soez como la música y, producciones audiovisuales que conducen o incentivan y motivan para el crimen.

Al final dicen: “Así es la vida.” No. Esa es la vida que el maligno nos ha impuesto, y si la mente humana no es consciente de su existencia o de la existencia del maligno, seguirá pensando que es libre en su pensamiento y que sus comportamientos inhumanos son propios. Cuando el ser despierte su mente, podrá empezar a sentir la presencia del maligno a su lado con cada tentación indecente que le impone. Es cuando observaremos si tenemos la suficiente voluntad para cambiarlo, porque al Diablo hay que observarlo como un ser real, porque cuando eso suceda empezaremos a recibir revelaciones para contrarrestar su presencia, teniendo poco poder sobre nosotros cuando quede al descubierto y en evidencia, tal como Cristo en el desierto. Y al resistirlo será debilitado quedando rezagado por ahora en algún rincón de la existencia o de la nada.

Dice este libro ya casi al final: “Liberarse del miedo al Diablo es un acto de sabiduría.” Porque reconocerlo es quitarle poder sobre uno, y por ende, poder sobre la humanidad a la que él aún le gobierna la mente. Entonces, ¿por qué el ciego Jorge quiso oponerse a que el “Aristóteles” fuera revelado a la humanidad? Aunque decía que él estaba haciendo la voluntad de Dios (YHWH), en realidad hizo la voluntad del maligno, de Mefistófeles, para que las fuerzas demoníacas siguieran tentando a las mentes débiles de la Tierra, y quizá tener más posibilidad de ser parte de los veinticuatro ancianos escogidos de las verdaderas doce tribus del verdadero Israel de antes de Cristo y que siguen algunos dispersos por todo el planeta Tierra, que son los ciento cuarenta y cuatro mil mortales transfigurados a espíritus que son el cuerpo gobernante de Jesús Cristo porque tuvieron la fuerza mental para soportar las tentaciones elementales, vanas y banales del maligno en su sistema de mundo que será juzgado por ellos y que sentarán las bases de la verdad en este planeta, diseñando un nuevo mundo, con un nuevo orden, que traerá la verdadera Paz a la Tierra, donde el verdadero propósito de la vida y de la existencia habrá empezado con nuevos rollos que serán abiertos porque los anteriores ya no serán necesarios, porque ya el Diablo y con su séquito de ejército maligno habrá sido derrotado, juzgado y eliminado para siempre. In saecula saeculorum. ¡Amén!

Y termina diciendo: “stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus.” Es decir: “La rosa mantiene fiel su antiguo nombre, nosotros mantenemos los nombres al desnudo.”

Por José Antonio Támara-León.

El Escribidor de La Loma del Diamante.

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