Reseña sobre “La Filosofía del Fuego” de la Biblioteca Rosa Cruz Randolph-Clymer… (03/04/2’026)
Reseña sobre “La Filosofía del Fuego” de la Biblioteca Rosa Cruz Randolph-Clymer… (03/04/2’026)
Todo ser humano nace con la posibilidad de encender la llama que debe llevar en su interior, la luz, el fuego, la iluminación, la linterna que iluminará su camino, la estrella de David que brilla con fulgor como el sol que nos alimenta con su energía, para guiar con discernimiento al curioso que siente el impulso para encontrar la senda que va conduciendo a ir descubriendo la verdad, la vida, para ir comprendiendo la existencia, el estado actual del sistema de cosas de este mundo que ha perdido sentido y que en realidad ningún sentido sensato tiene, por eso hay que eliminarlo y sentar otro sobre las bases de la verdad, del amor, y erradicar el odio y la mentira. Para que la humanidad comprenda el verdadero propósito trascendental de estar aquí. Ya que nada de lo que observamos en el entorno fue hecho sencillamente para nada, sino, para gozarlo a plenitud y en un proceso de vida ir descubriendo sin obstáculo alguno los misterios del universo dentro y fuera de él.
Sin embargo, aunque todos nacemos con esta posibilidad, no todos logramos encender la llama que desde la niñez nos llama desde lo más recóndito de nuestro ser. Estamos distraídos por lo simple y lo circunstancial, aunque en otro sentido lo simple filosóficamente hablando nos hace prender el fuego interno… Nos hemos dejado absorber por la propaganda de este sistema de mundo macabro, una propaganda elemental, básica, efímera, vana, banal, pueril, que conduce a la resignación y a cumplir un ciclo de vida que se ha normalizado y que no debe ser normal, y que pocos cuestionamos, pero, que la mayor parte de la humanidad observa como único sentido de la vida, la acepta, como lo que se debe seguir, en busca de una realización barata, egoísta, limitada, conformista, condicionada por el maligno a través del mortal que instrumentaliza a través de los reinos del mundo que alguna vez también le ofreciera a Jesús Cristo en el desierto y, que se observa desde una sola postura, la que se cree verdadera, sin observar todo el espectro que la existencia abarca en esta dimensión y, en otras dimensiones. Porque estamos dormidos. Aunque algunos más despiertos.
Cuando la espiritualidad se alimenta, la llama empieza a encenderse. Cada ser humano se va convirtiendo en un templo que arroja luz porque su llama se hace intensa. No son los templos externos los que nos encenderán el fuego del espíritu. Somos nosotros mismos el templo al que debemos asistir cuando interiorizamos, cuando reflexionamos sobre las cosas y asuntos, cuando nos preguntamos, cuando cuestionamos, cuando ya el miedo no nos domina, porque el miedo no es ningún instinto, al miedo hay que extirparlo, arrodillarlo, para que el verdadero proyecto de vivir en un planeta de Paz y Amor se materialice, porque cuando dentro de sí el fuego se enciende: del miedo ni las cenizas quedarán. Es entonces cuando aquel o aquello que hizo que todas las cosas tangibles e intangibles resultasen, responde, va entrando en comunicación con uno directamente, y entramos en una revelación constante, ese es su lenguaje cuando se empieza o Inicia, nos volvemos su instrumento porque le pertenecemos, porque le queremos pertenecer, nos hacemos suyos y entramos en una eterna comunión con Él, porque le da razón a nuestra existencia, nos revela su verdadero propósito, y de Él no nos queremos separar jamás, porque separarnos de Él va resultando imposible, porque es el único camino, no existe otro y, ni mucho menos mejor, y si algún otro existiese, conduciría a nada, es decir, a la inexistencia, aunque, cada ser humano tiene el libre albedrío de decidir, y muchos en su soberbia tendrán la libertad de elegir el camino de la destrucción, o mejor dicho: de su autodestrucción, habrá sido, es y esa será su decisión, la de cada quien. Sin embargo, quienes elegimos el camino de la vida, porque a ella pertenecemos por esencia, a medida que lo vamos conociendo nos vamos descubriendo a nosotros mismos, porque fue y es quien nos ha diseñado, porque el verdadero objetivo, aunque sea eterno, será algún día o alguna noche encontrarnos cara a cara con aquello que hizo resultar ser toda la maravilla que observamos dentro de uno y fuera de uno.
Para despertar el fuego del espíritu hay que sencillamente cultivar los valores y principios morales y éticos que lo sostienen porque son las estructuras que mantienen el verdadero equilibrio de las leyes universales en las que las estrellas, las galaxias, los cúmulos de galaxias y más siguen sujetos. Por eso, cuando uno aplica esto nuestro cuerpo se conecta con la matriz de esta naturaleza, nuestra naturaleza, el cosmos, y entra en sujeción con ella y nos unimos a estas leyes, y estas leyes nos van dando autoridad para transformar nuestra realidad en una realidad basada sobre ellas, haciendo que nuestra realidad entre en armonía con ellas, porque somos parte de su esencia y también somos su esencia, y es nuestra esencia, ya que somos su misma energía molecular y atómica y cuántica, es nuestra madre universal con la que seguimos unidos a través de un cordón umbilical invisible que nos alimenta porque aún nos encontramos en un proceso de gestación donde nuestro espíritu sigue despertando su fuego, para cuando esté preparado parirnos hacia la inmortalidad. En este sentido, se nos ha otorgado una vida maravillosa, un regalo u obsequio a través de nuestro cuerpo que es una tecnología, y tenemos y debemos aprender a utilizarlo y dominarlo tal cual como utilizamos y dominados la tecnología que hemos creado hasta el momento como esta computadora por ejemplo donde escribo este texto. Es por eso que para manejar nuestro cuerpo debemos interiorizar, dominar las pasiones que lo destruyen y cultivar las pasiones que lo hacen trascender más allá de nuestro planeta terrenal, protegiendo del maligno nuestro corazón y mente, para que el fuego de nuestro espíritu crezca en uno, y nuestra luz queme a los ángeles caídos cuando intenten acercársenos para llevarnos también a su condenada e inminente destrucción.
Lo que no deja que ese fuego crezca en el ser humano son los apegos mundanos a las cosas de este sistema de mundo limitado, tan elementales y vacías y fútiles, a una riqueza terrenal como los poderes del hombre que a la muerte le tiene pánico porque sabe que con ella su riqueza mal habida adquirida se esfuma, y se dará cuenta de que todo es vanidad y un esforzarse detrás del viento, porque será una consciencia muerta, más pesada que el peso de la gravedad más poderosa que pueda habitar la materia en este infinito, con un fuego muerto que no existe y que no puede iluminar su oscuridad más oscura. Ahí donde toda su terca soberbia queda lacerada por una ley universal que sella la propia inexistencia. Ahí donde el poder económico y político sin humildad perece, ese es el precio que al maligno hay que pagar por los placeres que ha dado en su fallido sistema de mundo. Ahí hasta el orgullo del Diablo queda humillado, porque aunque sabe mucho, no lo sabe tampoco todo. Es el tanto de miles, no es ni el primero, ni el segundo, no es como aquel o aquello que no tiene principio y que tampoco tendrá final. No es como el Magnánimo (YHWH), a quien verdaderamente pertenecen las tinieblas que Satán se quiso arrogar, porque en realidad más allá de ellas habita y que con su fuego y esplendor ilumina, porque también le pertenece lo oculto, y lo más oculto de lo oculto, donde nuestra recién nacida luz logra llegar, y a quien está preparado revela y manifiesta, para que dé luz al mundo, y acabe con su enemigo, salido también de sus entrañas, quien se atrevió a señalarlo con mentiras, con infamia, con injuria, con calumnias, tal cual como también hace esa parte de la humanidad que ha gobernado sobre este mundo, porque han sido, y son, pero dejarán de ser porque ya no serán la viva imagen del maligno.
Son los prejuicios, la avaricia, la codicia, la pedofilia, el genocidio, las masacres, los vicios, la mentira o desinformación, el degeneramiento mental y del corazón, el chisme, la cizaña, el egoísmo, la lascivia o lujuria pero no la verdadera pasión, el falso amor, el querer sacar ventaja, la insensatez, la sexualidad llevada a la morbosidad que no permite conectarse en otros verdaderos niveles superiores, la corrupción, el robo, la traición o deslealtad, el engaño, la trampa, el juego sucio, la complicidad dañina, la competencia, el delirio de grandeza y superioridad, entre otras cualidades del maligno como estas que no dejan crecer nuestro fuego interno, entonces hay que ir eliminándolas dentro de uno si está interesado en crear un mundo mejor.
En cuanto a este libro que tiene más de ochenta años, hay que tener en cuenta cuando uno lee e investiga que, algunos libros tendrán un gran porcentaje de verdad, como otros tendrán un menor porcentaje de verdad, y el resto podrá ser falsedad. Diría que este libro está dentro del mayor porcentaje de verdad, discierne uno, aunque con un porcentaje condicionado hasta para los intereses del maligno, que no todo el mundo podrá darse cuenta, ni siquiera quienes asisten a estas logias que sin lugar a dudas el maligno logra confundir y, me atrevo a decir que ni el mayor de sus líderes en este sistema de mundo se da cuenta de eso, porque el maligno también revela lo oculto y lo direcciona a sus intereses, sin embargo este no es dueño de lo oculto, porque al final nada le pertenece, ni siquiera su propia existencia, y como ya escribí antes, el Magnánimo (YHWH) es el verdadero dueño de lo oculto, y cuando el maligno algo revela, está manifestando cualidades que ha heredado de quien lo diseñara como ángel, por ende, en sus revelaciones el Magnánimo (YHWH) sin mayor esfuerzo se manifiesta, y es aquí donde uno tiene el discernimiento para diferenciar, y utilizar ese conocimiento para la verdadera edificación del planeta Tierra. No obstante, mi intención tampoco es satanizarlos, porque están en su búsqueda, y sin ellos estos asuntos básicos no se conocerían y si en ellos habita humildad guardarán mis palabras y reflexionarán sobre esto, entonces encontrarán lo que les hace falta y tendrán el discernimiento también para observar lo que uno ha visto, en ese sentido terminaremos la misión de que nuestro planeta en todo su orbe tenga armonía como una sinfonía que lo convierta en un paraíso donde la hermandad y la fraternidad pululen, porque habremos derrotado al maligno y su falso esplendor. Por eso, el Creador (YHWH) merecerá la Gloria, porque a Él pertenece, porque su genialidad es sumamente superior, algo que no sorprende, pero que sí es causa de inefable admiración y de elogio. Digno de su Trono y de su Sabiduría. Una verdadera jugada, en verdadero jaque mate con estilo.
Desde la humildad de mi mente y corazón, atentamente, José Antonio Támara-León.
El Escribidor de La Loma del Diamante.
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