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  1. La semana pasada
  2. El Escribidor
    Reseña sobre libro de “Biología Celular…” (21/08/2’026) No pienso con este texto discutir, ni polemizar, ni debatir cómo llegó a existir la célula. Soy más creacionista que evolucionista, y aunque se trata el creacionismo como mito, las teorías e hipótesis evolucionistas no se alejan tampoco de la fantasía y especulación, de eslabones perdidos porque nunca existieron y por eso no será posible encontrarlos. Aunque, algunos para reconciliar las dos ideas dicen que Dios (YHWH) utilizó como método la evolución para crear la vida y la existencia, ya que tanta maravilla solamente es posible con la dirección de una mente suprema, porque del azar surgen otros azares, y Dios (YHWH) no juega a los dados. Aunque, cuando uno lee el Génesis, puede encontrar en él que los días de la creación llevan el orden que los científicos han también desarrollado sobre el origen del Universo. Por ejemplo, la Biblia dice que el espíritu de Dios (YHWH) andaba de un lugar tras otro, eso tuvo que haber ocurrido hace más de 30 mil millones de años, cuando nada había o al menos no estaba organizada la materia. Luego ocurrió el Big Bang u otro fenómeno hace 15 mil o 20 mil millones de años dirigido por el Magnánimo (YHWH) donde Éste empezó a direccionar la materia y, surgiendo de este nuestro sistema solar cuando nuestra estrella aún era recién nacida y pudo también dar los elementos para la existencia de nuestro planeta Tierra inerte aún hace casi 5 mil millones de años en el Precámbrico. Entonces el espíritu del Magnánimo ubicó y observó que nuestro planeta estaba en una posición privilegiada y perfecta para crear vida y existencia en él, y empezó a discurrirlo cuando aún la Tierra estaba sin forma, y en el día primero que no fue de 24 horas como muchos piensan, sino que figurativamente es un día de millones de años, ya existía el agua, porque dos átomos de Hidrógeno se unieron con un átomo de Oxígeno, y en ese mismo día hizo la luz y la dividió de la noche, para eso tenía que estar listo el magma y núcleo de la Tierra tomando forma y generando un campo magnético y que también llamamos gravedad. Después, habiendo pasado millones de años llegó el segundo día, y la gravedad ya consolidada pudo ir dando forma a una atmósfera ya que no dejaba que los gases escaparan hacia el espacio sideral y, que aún no tenía Oxígeno como la de hoy, era anaeróbica, y los gases del momento eran quizá Nitrógeno, Hidrógeno, Argón, Dióxido de Carbono y vapor de agua. Y en este segundo día donde Dios (YHWH) trabajó sobre esta expansión de arriba llamó “Cielo”, y llegó haber tarde, y llegó haber mañana, nacieron los crepúsculos. Entonces pasados otros millones de años llegó el tercer día, dando Dios (YHWH) cabida al proceso Físico-Químico dentro del laboratorio natural que estaba edificando y dirigiendo, las aguas se evaporaron más y empezó nuestro planeta Tierra a tener lugares secos, la atmósfera para este tiempo ya no era tan débil como en el segundo día, ahora era más fuerte, y en este tercer día fue cuando ya Dios (YHWH) teniendo diseñada la célula la introdujo en nuestro bello y hermoso planeta, fue cuando surgieron las procariotas, y las algas verdes, y en el suelo las eucariotas que empezaron a hacer surgir cualquier cantidad de vegetales y plantas que dieron sus semillas. Seguramente esto equivale finalizando el Precámbrico saltando al Cámbrico, y Ordovícico, y Silúrico, y Devónico, dentro de la era Paleozoica. Sabiamente hubo un proceso para generar otras especies y así iba creando las condiciones para otras formas de vida. Las plantas ya empezaban también a darle otra forma a la atmosfera y es cuando empiezan a introducir el Oxígeno y, la vida en la Tierra deja de ser anaeróbica para volverse también aeróbica. Entonces en el cuarto día el Magnánimo (YHWH) después de considerar con sus otras criaturas espirituales, entre ellos el principal, su primogénito y obrero Maestro, la Sabiduría (Proverbios 8:30), el Verbo, la Palabra, más conocido como Jesús Cristo en la Tierra, pero antes de venir a ella. Y pasado millones de años después del tercer día, procedió Dios (YHWH) a formar a la Luna, para que la noche fuera iluminada, pero, también, para generar fuerza de atracción sobre la Tierra, para que se crearan las estaciones y las mareas, y ya habiendo vida vegetal, es decir, Biología, la Luna generara así en el planeta ya no solamente un cambio Físico-Químico, sino que también biológico, y fue entonces cuando se crearon las condiciones para que empezaran a surgir otras especies, pero ya eso en otro día. Y la atmosfera empezó a equilibrarse mejor, y las antiguas estrellas también empezaron a observarse. Seguramente esto fue un proceso entre 580 millones de años y 390 millones de años. Entonces ya estando las condiciones ambientales en el día quinto para especies aeróbicas, empezaron a surgir los animales, seguramente fue un cruce entre la era Paleozoica dando entrada a la era Mesozoica, de donde se desprenden períodos como el Triásico, el Jurásico y el Cretácico. Extinguiéndose algunas especies después, y dando origen a la era Cenozoica, para que después pasados otros millones de años, en un día sexto terminara de hacer a otros animales y, el Magnánimo (YHWH) también en Génesis 1:26 dijera: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza, (…)” Es decir, hagamos al hombre y a la mujer como nosotros –dirigiéndose hacia todos sus ángeles, ­­­y estaba también el Maligno antes de volverse maligno y envidioso–, seres inteligentes, no refiriéndose a su condición de carne, sino que a sus cualidades más que trascendentales, invisibles, espirituales, como el amor, la justicia, la razón, el poder sobre la Tierra, la sabiduría, entre otras. Y bueno, ya conocemos el resto de la historia o mitología o leyenda bíblica que guarda una esencia Universal, una bella metáfora tergiversada por muchos. Porque Dios (YHWH) no le iba a hablar a Moisés en un lenguaje científico que Moisés no comprendería en ese momento, por eso le dio una explicación sencilla y casi fantasiosa pero en el orden poético sobre los acontecimientos, ya que era quien podía describírselo, seguramente le contó más a Moisés, pero Moisés lo que escribió fue lo que alcanzó a asimilar. Moisés a quien se le atribuye la autoría del Génesis no estaba preparado para recibir una explicación Físico-Química y biológica del origen del Universo por parte de aquella Entidad Todopoderosa que hizo que resultara y fuera todo lo que hoy o ahora es, ni tampoco existía el concepto de miles de millones de años… A Moisés se le hubiera estallado la cabeza con tan tamaña información, si a mí por ejemplo casi me sale un tumor cerebral leyendo este libro. Pero bueno, y en el día sexto vio Dios (YHWH) que todo lo que había hecho era bueno, muy bueno, no excelente, bueno. Y pasó a descansar en el día séptimo donde apenas han pasado algunos miles de años. No terminó su obra en siete días como muchos piensan, sino en seis, y vuelvo a decir que sus días equivalen a millones de años. Entonces, quiere decir que no ha terminado, que está descansando para ir considerando si es que ya no lo tiene resuelto y estoy seguro de que sí, de que ya tiene la solución para que su obra sea excelente, porque este sistema de mundo que el Maligno estropeó no es bueno, todos sabemos que es decadente. Pienso que a nivel de materia el Magnánimo ha terminado su obra, pero a nivel espiritual falta un toque, y ese toque debe recibirlo el ser humano, porque todo ya es bueno, pero el ser humano no es tan bueno, y cuando el ser humano sea bueno, entonces la obra de Dios (YHWH) será excelente. Pienso que es lo único que falta, pulir al ser humano en sus cualidades, para que su obra sea maravillosa, extraordinaria, inigualable, digna de alabanza, como el mejor Artista que tiene la existencia y vida. Entonces será cuando Dios (YHWH) quede satisfecho con su obra, por el momento le entristece. Por eso pienso que la Creación no ha terminado, viene ahora el detalle, la perfección que Él en este momento en el día siete considera para conseguir el equilibrio de todo en todos, y para eso la maldad debe ser eliminada y para siempre. Ahora sí hablemos un poco de la Célula. Este libro tiene unas 700 páginas. Está en formato de artículo científico. Duré algunos meses para terminarlo de leer. Escrito y redactado en un lenguaje que solamente entre científicos entienden y no para que lo entienda una comunidad más amplia o no científica. Esta edición es del año de 1’991, quizá un poco desactualizada, sin embargo no tanto, aunque el mismo libro reconoce que hay misterios sin resolver y que en ese momento se desconocen, que sin lugar a dudas hoy no son misterios y que son bastante conocidos. Quizá en su momento catalogaron a algunas especies inferiores y a otras superiores, algo que hoy se tiene mucho cuidado en no decir porque en realidad no hay especie inferior ni superior, cada cual en su función y con sus poderosas cualidades y dones. Del resto me parece una información importante. Quizá en un futuro leeré uno actualizado, o quizá uno de Biología Molecular o Genética o de Biofísica o de Bioquímica, disfruta uno estas lecturas más como aficionado que como estudiante. El estudio de la Biología celular tampoco es de leer un libro, y pienso que no es suficiente un semestre, sino que en todas las áreas de la salud y del medio ambiente que requieran sobre esta temática deberían al menos dar dos semestres sobre el tema, porque el estudio de la Biología celular es para toda la vida debido a su complejidad. Si llega a haber un gran cataclismo a nivel mundial y este libro llega a sobrevivir, habrá bastante material en conocimiento para volver a empezar. Tampoco mi intención es repetir lo que dice en el libro, o decir que hay células unicelulares (procariotas) o pluricelulares (eucariotas), que algunas tienen membranas fuertes y otras no. O que la célula está compuesta por una membrana y en el citoplasma variedad de organelas como los ribosomas, los lisosomas, los peroxisomas, las vacuolas, las mitocondrias, el aparato de Golgi, el Retículo Endoplasmático Liso o Rugoso, o que tiene el Núcleo y Nucléolo donde se encuentra el Ácido Desoxirribunocleico que contiene las bases nitrogenadas como la Adenina, Timina, Citosina y Guanina, y en el Ácido Ribonucleido se encuentra el Uracilo, que a su vez en cadenas de doble hélice forman los aminoácidos que a su vez van dando forma también a los cromosomas, para realizar replicaciones ya sea en el proceso de la mitosis o de la meiosis, y que este proceso en 40 millones de años sigue igual sin mutación alguna, porque una mutación no produce ninguna evolución, sino al contrario, involuciona el proceso y ciclo celular y cuando esto sucede la célula se autoelimina, en algunos casos produce células cancerígenas, que seguramente en la fase G1 o S o G2 pierde electronegatividad ocasionando una deformación poco grata para el organismo. También se podría decir que la célula animal y vegetal se diferencian en que la vegetal tiene pared celular y cloroplastos que permiten transformar la energía física en química, y que aquí nos damos cuenta como el Sol es quien le da toda la vida a la Tierra, sin él la vida en nuestro planeta no existiría. Bien hicieron algunos en adorar al Sol como dios, y que no estaban tan equivocados cuando el Magnánimo (YHWH) hizo a esta lumbrera para iluminar la Tierra. Porque toda esa energía se refleja cuando nuestras células producen Adenosintrifosfato, por eso es bueno comer pesca’o. Es como si usted le echara gasolina al carro. Sé que millones de personas no entenderán un carajo de lo anterior y eso que poco he dicho, porque los científicos escriben es para entenderse entre ellos y es lo que yo también critico. Podría decir que dentro de la célula ocurren reacciones químicas, los alimentos se sintetizan y que cada organela tiene una función fundamental como producción de enzimas, proteínas y membranas, que una célula intercambia nutrientes con otras a nivel molecular. Que la célula tiene una Ingeniería compleja y que ocurren cualquier cantidad de cosas maravillosas, que los elementos se separan y se unen. Pero, hay algo que debemos entender, y es que, cuando nos enfermamos todo ocurre a nivel celular. Nosotros estamos hechos de células, y sin lugar a dudas las células de moléculas, y las moléculas de elementos químicos que son átomos que tienen sus cargas eléctricas entre protones y electrones que fueron y son parte del principio del Universo, del Cosmos, ahora con lo cuántico podemos darnos una mejor idea. Teniendo en cuenta que nuestro cuerpo tiene diferentes tipos de células, por ejemplo, las del sistema nervioso o, como las óseas, o como las de los músculos, o como las de la sangre, entre otras, tienen funciones específicas para su lugar o sitio, aunque con las mismas características en sus organelas, como su replicación, reacciones, catálisis y síntesis. Cuando se nos daña un órgano, cualquiera del aparato digestivo, decimos que tenemos un problema en el Hígado, o Páncreas, o Intestino, u otro, pero no decimos que celularmente nuestro órgano está teniendo un desequilibrio, y esto es lo que debemos tener más en cuenta: ¿cómo volver a recuperar el equilibrio celular para que nuestro Estómago enfermo compuesto por millones de células, por ejemplo, recupere su estabilidad? No es el órgano, somos nosotros a nivel celular que enfermamos, y tenemos y debemos recuperar la electronegatividad celular para que los procesos mitóticos se estabilicen y no repliquen la información dañada que detrimenta más nuestro sistema, y eso sucederá cuando logremos entender y comprender mejor la tecnología de nuestro complejo celular, y llegue el momento que no se necesite bisturí para realizar ninguna cirugía. El origen de la vida como ser material empezó con la célula. El poder de nuestra vida está dentro de la célula. Es entonces lógico que le prestemos más atención a la célula que es lo micro, que a lo macro que está compuesto por millones de ellas. Debemos estudiar la raíz primero, para que las ramas estén mejor. Una alimentación sana sin conservantes que la envenenan en su verdadera naturaleza, un ambiente sano, un espíritu tranquilo y Ético y estético es lo que le da vida a la célula, por ende, a uno como tal. La salud mental es importante, mente y cuerpo unido, para también tener un espíritu fuerte. La idea es que usted querido lector se interese por indagar cómo funciona su célula, para que cuide de su salud y no tome tanta bebida azucarada, ni coma nada sintético porque puede dañarle sus telómeros y acabarle más rápido el colágeno. Atentamente, JOSÉ ANTONIO TÁMARA-LEÓN. El Escribidor de La Loma del Diamante.
  3. Steven Ramirez
    Steven Ramirez respondió a tema de Steven Ramirez en Foro libre
    El problema de los medicamentos no nació con Petro. Hoy algunos sectores descubren las largas filas, las demoras y las dificultades de los pacientes para reclamar sus tratamientos. Bienvenido sea cualquier proyecto que busque facilitar la entrega a domicilio, pero no confundamos una solución parcial con la solución de fondo. Durante años, distintos gobiernos convivieron con las fallas de un sistema que dejó a miles de colombianos esperando medicamentos y respuestas. Ahora, cuando se intentaron plantear cambios estructurales, la reforma a la salud terminó archivada en el Congreso. La crítica al Gobierno actual es válida cuando corresponde. Pero la memoria también importa: no se puede borrar la responsabilidad de quienes durante años administraron un sistema con problemas que hoy siguen afectando a los pacientes. Estemos atentos, informados y no permitamos que la discusión se convierta otra vez en una historia sin contexto.
  4. Steven Ramirez
    Steven Ramirez respondió a tema de Steven Ramirez en Foro libre
    Una beca para el campeón, pero el reto es no abandonar al restoHay noticias que merecen ser reconocidas cuando representan una oportunidad real para los jóvenes. La aprobación en segundo debate del proyecto que crea becas deportivas para jóvenes medallistas de los estratos 1, 2, 3 y 4 es una de ellas. La iniciativa busca que deportistas de alto rendimiento puedan continuar su formación en educación básica, media y superior sin tener que abandonar sus procesos deportivos. La pregunta, sin embargo, no termina con la aprobación. Ahora comienza el verdadero reto: convertir la iniciativa en una política que funcione y no en una promesa que se quede escrita en el papel. Porque en Colombia demasiados jóvenes han tenido que escoger entre estudiar, trabajar o continuar representando al país en una disciplina deportiva. Detrás de una medalla hay años de entrenamiento, sacrificios familiares y, muchas veces, una lucha constante por conseguir recursos, transporte, implementos y acceso a escenarios adecuados. El proyecto plantea precisamente que el Ministerio de Educación y el Ministerio del Deporte construyan una política pública para otorgar becas académicas a deportistas de alto rendimiento, desde la educación básica y media hasta el acceso a la educación superior. Es un avance que debe celebrarse. Pero desde una posición crítica también debemos preguntar: ¿qué pasará después de la foto de la aprobación? Porque una beca puede abrir una puerta, pero no resuelve por sí sola todos los problemas del deporte colombiano. Un joven puede tener talento y disciplina, pero seguir enfrentando la falta de escenarios deportivos. Puede conseguir una beca, pero tener dificultades para costear sus desplazamientos a competencias. Puede representar a Colombia y regresar a su territorio para encontrarse nuevamente con el abandono institucional. Por eso el debate debería ser más amplio. El deporte no puede ser una política para aparecer solamente cuando llegan las medallasColombia suele celebrar a sus deportistas cuando suben al podio. Aparecen los homenajes, las fotografías y los discursos sobre el orgullo nacional. Pero el verdadero respaldo debería comenzar mucho antes. Cuando ese niño o joven apenas está descubriendo una disciplina. Cuando su familia no tiene recursos suficientes. Cuando entrena en condiciones precarias. Cuando en su municipio no existen escenarios adecuados. Cuando debe elegir entre conseguir un empleo o continuar entrenando. La iniciativa aprobada por el Senado reconoce una realidad importante: ningún joven debería tener que escoger entre su formación académica y su futuro deportivo. El proyecto obtuvo 75 votos favorables en su segundo debate en el Senado. Pero esa idea debe extenderse. Ningún joven debería abandonar un sueño deportivo simplemente porque nació en una familia con menos recursos o en un territorio donde el Estado no garantiza las mismas oportunidades. Y aquí está uno de los puntos fundamentales para quienes creemos en una política pública que ponga a las personas en el centro. La educación y el deporte no deben ser privilegios. Deben convertirse en herramientas reales de transformación social. Que la aprobación no sea el final de la historiaLa noticia del Senado habla también de otras iniciativas relacionadas con emprendimiento juvenil y con el fortalecimiento de instituciones ambientales. Eso demuestra que el Congreso puede discutir proyectos que respondan a problemas concretos. Pero aprobar una iniciativa es solamente una parte del camino. Después viene la reglamentación. La financiación. La implementación. Y, sobre todo, la vigilancia ciudadana. Desde Colombia Humana, el Pacto Histórico y los sectores que defendemos una Colombia con mayor igualdad, debemos reconocer los avances cuando benefician a la gente, sin importar de dónde provenga la iniciativa. Pero reconocer un avance no significa renunciar a las preguntas. Hay que preguntar cuántos jóvenes serán realmente beneficiados. Cómo se garantizará que las becas lleguen a los territorios más olvidados. Qué criterios se utilizarán. Y cómo se evitará que las oportunidades terminen concentrándose en quienes ya tienen más acceso a entrenadores, instituciones y recursos. Porque la igualdad no consiste solamente en abrir una convocatoria. Consiste en garantizar que un joven de un barrio popular, una zona rural o una región históricamente abandonada tenga una posibilidad real de competir por esa oportunidad. La juventud necesita mucho más que aplausosEsta aprobación es una buena noticia. Hay que decirlo. Cuando una medida puede ayudar a que un joven deportista estudie sin abandonar su carrera deportiva, merece reconocimiento. Pero también debemos recordar algo: una medalla no debería ser el requisito para que el Estado mire hacia un joven. El país necesita apoyar a quienes ya han llegado al podio, pero también a quienes todavía están comenzando. A quienes entrenan sin patrocinadores. A quienes viajan horas para competir. A quienes no tienen un escenario deportivo cerca. A quienes tienen talento, pero no oportunidades. La política pública no puede esperar a que aparezca un campeón para comenzar a invertir en él. Debe construir las condiciones para que miles de jóvenes puedan llegar a serlo. Por eso esta iniciativa debe ser vista como un primer paso, no como la meta final. Que las becas deportivas se conviertan en realidad. Que tengan recursos. Que lleguen a los jóvenes que realmente las necesitan. Y que no se queden en un titular legislativo. Porque Colombia tiene talento de sobra. Lo que muchas veces ha faltado es un Estado que llegue antes que el abandono. El verdadero triunfo no será aprobar una ley. El verdadero triunfo será que ningún joven tenga que renunciar a su educación o a su sueño deportivo por falta de oportunidades.
  5. Steven Ramirez
    Steven Ramirez respondió a tema de Steven Ramirez en Foro libre
    ¿Revocar el permiso a Petro o revocar las garantías?Hay decisiones que pueden parecer simples trámites administrativos, pero que terminan revelando una discusión mucho más profunda sobre la democracia, los derechos políticos y la forma en que un país trata a quienes han ejercido el poder cuando dejan el cargo. Eso es lo que está ocurriendo alrededor de la solicitud presentada por el expresidente Gustavo Petro Urrego para obtener la autorización del Senado que le permita salir del país durante el año siguiente a la terminación de su mandato. Petro no pidió un privilegio secreto. No intentó salir del país ignorando las instituciones. Hizo lo que establece la Constitución y presentó formalmente su solicitud ante el Senado para atender compromisos de carácter personal, social, político y académico. La petición se fundamentó, entre otras normas, en el numeral 3 del artículo 173 de la Constitución y en el reglamento del Congreso. Sin embargo, ahora aparece una controversia que merece una discusión mucho más seria: la posibilidad de revocar o impedir ese permiso. Y la pregunta inevitable es: ¿Estamos frente a un debate jurídico legítimo o ante un nuevo intento de convertir a Gustavo Petro en un expresidente sometido permanentemente a una batalla política? Petro cumplió con el procedimientoHay un hecho que debería estar por encima de las simpatías y las diferencias ideológicas: Gustavo Petro presentó una solicitud formal al Senado. La propia comunicación conocida públicamente señala que el permiso se solicita para cumplir compromisos fuera del país durante el año siguiente al ejercicio de la Presidencia. Es decir, estamos hablando de un procedimiento previsto para quienes han ejercido la Presidencia de la República. Por eso resulta necesario preguntarse qué fundamento tendría una eventual revocatoria si el expresidente está cumpliendo precisamente con el trámite institucional exigido. Nadie está diciendo que el Senado deba convertirse en una oficina que apruebe automáticamente cualquier solicitud. El Congreso tiene autonomía. Puede debatir. Puede analizar. Puede tomar decisiones dentro de sus competencias. Pero esa autonomía también implica responsabilidad. Porque una decisión que afecte a un expresidente no puede convertirse en un instrumento de retaliación política. La democracia no puede funcionar según quién ocupa el poderAquí hay un principio que Colombia debería defender sin importar de qué partido sea el expresidente. Si una regla existe, debe aplicarse con criterios claros. No puede ser flexible para unos y restrictiva para otros. No puede depender de quién ganó las elecciones. No puede cambiar según las simpatías políticas del momento. Durante el Gobierno de Gustavo Petro, desde diferentes sectores se habló constantemente de la necesidad de respetar la institucionalidad, la separación de poderes y las reglas democráticas. Ahora que Petro ya no está en la Presidencia, esas mismas garantías no pueden comenzar a desaparecer. Porque la democracia no consiste solamente en permitir que una persona llegue al poder. También consiste en garantizar que, cuando sale del poder, continúe teniendo derechos y garantías. La oposición de ayer no puede descubrir hoy que las instituciones son importantes únicamente cuando sirven para limitar a sus adversarios. El debate sobre Petro no puede convertirse en una persecución permanenteEs legítimo criticar a Gustavo Petro. Es legítimo cuestionar su Gobierno. Es legítimo discrepar de sus decisiones. Eso hace parte de la democracia. Pero hay una diferencia entre ejercer oposición y convertir a una persona en el objetivo permanente de una ofensiva política. Petro dejó la Presidencia, pero sigue siendo una figura política nacional e internacional. Tiene derecho a participar en debates, actividades académicas, encuentros sociales y espacios políticos dentro de las reglas que le correspondan. Por eso resulta preocupante que cualquier movimiento suyo pueda convertirse inmediatamente en un motivo para intentar imponer nuevas restricciones. Hoy es un permiso de salida. Mañana podría ser otra cosa. Y después otra. La pregunta que debemos hacernos es sencilla: ¿Dónde termina el control institucional y dónde comienza la persecución política? Esa frontera debe ser defendida. No solamente por quienes apoyamos a Petro. También por quienes entienden que las garantías democráticas no pueden depender del apellido del ciudadano. El Senado debe actuar con responsabilidadEl Senado representa una de las instituciones fundamentales de la democracia colombiana. Precisamente por eso sus decisiones deben estar por encima de la coyuntura. No deberían responder al ruido de las redes sociales. No deberían convertirse en una competencia por quién lanza la declaración más agresiva contra un adversario político. Y mucho menos deberían utilizarse mecanismos institucionales para enviar mensajes de venganza. El mismo Congreso ha defendido en múltiples ocasiones la importancia de la separación de poderes y del respeto por la institucionalidad. Incluso, en debates recientes, desde la Presidencia del Senado se ha insistido en que las reglas y la voluntad popular no pueden modificarse según la conveniencia de quienes ganan o pierden una elección. Ese principio debe aplicarse también cuando el protagonista se llama Gustavo Petro. La institucionalidad no puede ser selectiva. Petro no dejó de ser ciudadano por haber sido presidenteA veces parece olvidarse algo elemental. Antes de ser expresidente, Gustavo Petro es ciudadano colombiano. Y ser expresidente no puede significar quedar condenado a una especie de encierro político permanente. Por supuesto, existen reglas especiales para quienes han ejercido la Presidencia. Y Petro las está cumpliendo al acudir al Senado para solicitar la autorización correspondiente. Pero una cosa es cumplir un requisito constitucional. Otra muy distinta es utilizar ese requisito como una herramienta para limitar arbitrariamente la actividad política, académica o personal de un exmandatario. Por eso cualquier decisión sobre su solicitud debe tener fundamentos claros, públicos y jurídicamente defendibles. No simples sospechas. No animadversión política. No el deseo de sacar del escenario a una figura que, incluso fuera de la Presidencia, continúa teniendo influencia sobre millones de colombianos y sobre el debate político nacional. La oposición también debe estar alertaDesde Colombia Humana, el Pacto Histórico y los sectores que respaldamos el legado político de Gustavo Petro, este debate no puede mirarse con indiferencia. No se trata de pedir privilegios. Se trata de exigir garantías. Las mismas garantías que cualquier demócrata debería defender. Por eso debemos estar atentos. A las decisiones del Senado. A los argumentos jurídicos. A cualquier intento de transformar un procedimiento constitucional en un mecanismo de castigo político. Y también debemos exigir que el debate sea transparente. Si existen razones legales para tomar una decisión, que se expliquen. Que se hagan públicas. Que sean debatidas. Pero si lo que existe es simplemente una intención política de restringir a Gustavo Petro porque representa una fuerza de oposición, entonces Colombia debe decirlo con claridad. La democracia no puede convertirse en una cárcel para quien piensa diferente. No se trata solamente de PetroEste debate tiene un significado que va mucho más allá de una sola persona. Hoy se discute el permiso de Gustavo Petro. Mañana podría discutirse el derecho de otro expresidente. Por eso las reglas que se apliquen ahora pueden convertirse en precedentes para el futuro. Y los precedentes importan. Una democracia fuerte no es aquella que encuentra nuevas formas de limitar a sus opositores. Es aquella que puede garantizar derechos incluso a quienes incomodan al poder. Por eso, el debate no debería ser: ¿Cómo hacemos para impedir que Petro salga del país? La pregunta debería ser: ¿Cuál es la decisión que respeta la Constitución, el debido proceso, las competencias del Senado y las garantías democráticas? Esa es la discusión que Colombia merece. Gustavo Petro ya no ocupa la Casa de Nariño. Pero eso no significa que haya dejado de tener voz. No significa que haya dejado de participar en la vida política. Y tampoco significa que quienes lo apoyamos vayamos a quedarnos callados ante cualquier decisión que pueda afectar injustificadamente sus garantías. La oposición tiene que vigilar. Tiene que preguntar. Tiene que exigir explicaciones. Y tiene que defender la democracia incluso cuando quienes hoy tienen el poder parecen olvidar que las garantías institucionales no fueron creadas para favorecer únicamente a los gobiernos. Fueron creadas, precisamente, para proteger a todos. Incluidos los opositores. Incluido Gustavo Petro. Porque hoy la pregunta no es solamente si se mantiene o se revoca un permiso. La verdadera pregunta es otra: ¿Qué tan lejos está dispuesto a llegar el poder para limitar a quien, aun después de dejar la Presidencia, continúa representando una voz incómoda para el establecimiento? Y frente a esa pregunta, desde la oposición debemos estar atentos. Muy atentos. Porque defender las garantías de Petro también es defender las garantías democráticas que mañana pueden necesitar millones de colombianos.
  6. Steven Ramirez
    Steven Ramirez publicó un hilo del foro en Foro libre
    Cuando deja de temblar, ¿quién responde?Un terremoto no termina cuando cesa el movimiento de la tierra. Para miles de familias, ese es apenas el comienzo: viene la incertidumbre por la vivienda, el trabajo, la educación de los hijos, la recuperación de los servicios y la reconstrucción de una vida que puede quedar suspendida durante meses o incluso años. La discusión que se abrió en el Senado después del terremoto apunta precisamente a esa segunda etapa de la tragedia: la que empieza cuando las cámaras se van, pero las comunidades siguen esperando respuestas. Porque una emergencia de esta magnitud no puede medirse únicamente por el número de víctimas que aparece en los primeros reportes. También debe medirse por lo que ocurre después: las viviendas que tendrán que ser reconstruidas, los negocios que deberán volver a levantarse, las escuelas afectadas, las comunicaciones que necesitan recuperarse y las familias que no pueden quedar abandonadas una vez pase la conmoción nacional. El propio Gobierno ha reconocido una afectación de enorme magnitud. En uno de sus reportes más recientes habló de más de 120.000 familias afectadas y más de 186.000 personas damnificadas, además de cientos de fallecidos, heridos y desaparecidos. Son cifras que, por sí solas, deberían obligar al Estado a mantener una respuesta permanente y verificable. Y precisamente por eso el debate en el Senado no puede quedarse en una sesión, unas declaraciones o una lista de buenas intenciones. La emergencia cambia de fase, pero no desapareceDurante los primeros días, la prioridad es salvar vidas, encontrar desaparecidos, atender heridos y garantizar refugio y ayuda humanitaria. Pero después llega otra etapa. La reconstrucción. Y esa etapa puede ser incluso más larga y compleja. El Gobierno ha anunciado una Emergencia Económica y la creación de mecanismos para canalizar recursos hacia la reconstrucción de viviendas, hospitales, centros educativos, vías y otras infraestructuras afectadas. También anunció un plan de articulación con constructoras, entidades territoriales y el sector financiero para avanzar en la recuperación de las comunidades golpeadas por el sismo. Los anuncios están hechos. Ahora vienen las preguntas. ¿Dónde están los cronogramas claros? ¿Cómo se va a garantizar que la ayuda llegue realmente a quienes la necesitan? ¿Quién va a vigilar los recursos destinados a la reconstrucción? ¿Qué ocurrirá con las familias mientras esperan una solución definitiva? Y quizás la pregunta más importante: ¿Cómo evitar que una tragedia nacional termine convertida en una larga lista de promesas incumplidas? Desde la oposición no se trata de oponerse a que el Gobierno atienda la emergencia. Todo lo contrario. La atención debe llegar y debe llegar con rapidez. Pero apoyar a las víctimas no significa guardar silencio frente al poder. La solidaridad no exige renunciar al control político. El Congreso tiene que hacer mucho más que expresar preocupaciónLa noticia publicada por el Senado recoge inquietudes sobre la reconstrucción, las afectaciones a la infraestructura, las comunicaciones, los centros educativos, el empleo, el turismo y el patrimonio de las regiones golpeadas. Son preocupaciones legítimas. Pero ahora deben convertirse en seguimiento. En control político. En preguntas concretas. En informes públicos. En resultados que puedan ser revisados por la ciudadanía. Porque Colombia ya sabe que las grandes tragedias también pueden convertirse en escenarios de enormes decisiones presupuestales. Y donde hay grandes recursos públicos, también debe existir una vigilancia aún mayor. La reconstrucción no puede manejarse a puerta cerrada. No puede depender únicamente de anuncios presidenciales. No puede convertirse en una vitrina política. Cada peso destinado a una vivienda, una escuela, un hospital o una vía debe poder ser seguido por la ciudadanía y controlado por las instituciones. El Congreso, incluyendo las voces de oposición, tiene una responsabilidad que no puede delegar: vigilar al Gobierno durante toda la emergencia, no solamente durante los primeros días. Las cifras también tienen que ser clarasHay otro elemento que debería preocupar al país: la información oficial debe ser consistente. Los reportes sobre víctimas, desaparecidos y personas afectadas han cambiado a medida que avanzan las labores de evaluación. Eso puede ocurrir en una emergencia de semejante magnitud, cuando la información se consolida progresivamente. Pero precisamente por esa razón, el Gobierno tiene la obligación de explicar con transparencia de dónde salen las cifras, cómo se actualizan y cuáles son los datos que finalmente orientarán la distribución de los recursos. No se puede reconstruir un país a partir de información confusa. No se puede planificar la ayuda si las comunidades no saben con claridad cuál es el diagnóstico real. Y no se puede pedir confianza mientras persisten dudas sobre la dimensión exacta de la tragedia. Reportes recientes han señalado diferencias entre cifras divulgadas por el presidente y las registradas por entidades oficiales, una situación que merece explicaciones públicas y rigurosas, especialmente porque los datos son fundamentales para orientar la atención y la reconstrucción. Aquí no se trata de hacer política con el dolor de las víctimas. Se trata de impedir que la falta de claridad termine afectándolas aún más. Reconstruir no es simplemente volver a levantar paredesLa historia del Eje Cafetero debería servir también como una lección. Después del terremoto de 1999, la reconstrucción no consistió solamente en reparar lo que se había caído. Se reconstruyeron viviendas, escuelas y centros de salud, y en varios lugares la recuperación permitió transformar infraestructura y reubicar familias que vivían en zonas de alto riesgo. La lección es clara: reconstruir no debería significar volver a dejar a las comunidades exactamente en las mismas condiciones de vulnerabilidad que existían antes del desastre. Si una vivienda estaba en riesgo, no basta con levantarla de nuevo sin revisar las condiciones. Si una escuela colapsó, la respuesta no puede ser simplemente pintar una fachada. Si las comunicaciones fallaron, hay que preguntarse por qué la infraestructura era vulnerable. Si los hospitales quedaron afectados, el país debe discutir qué tan preparada estaba su infraestructura crítica. Una investigación reciente sobre el terremoto ha puesto precisamente sobre la mesa los límites de la capacidad de respuesta y la importancia de pasar de la reacción posterior al desastre a la prevención y al reforzamiento de las infraestructuras vulnerables. Esa discusión no puede desaparecer cuando termine la emergencia. La solidaridad ciudadana no puede reemplazar al EstadoUno de los aspectos más poderosos de esta tragedia ha sido la respuesta de las comunidades. Vecinos ayudando a vecinos. Personas organizando albergues. Ciudadanos llevando alimentos. Voluntarios participando en labores de rescate. Esa solidaridad demuestra lo mejor del país. Pero también plantea una advertencia. La solidaridad popular no puede convertirse en la excusa para que el Estado llegue tarde. Los ciudadanos pueden ayudar. Y lo han hecho. Las comunidades pueden organizarse. Y lo han demostrado. Pero la responsabilidad de garantizar derechos, coordinar la emergencia y reconstruir las zonas afectadas sigue siendo del Estado. Por eso no podemos permitir que, dentro de unos meses, cuando las donaciones disminuyan y la atención mediática se desplace hacia otro tema, las familias damnificadas queden solas con los escombros y las promesas. La oposición tiene que permanecerDesde Colombia Humana y el Pacto Histórico debemos entender que nuestro papel como oposición no consiste en celebrar cada dificultad del Gobierno. Ser oposición no significa alegrarse por una tragedia. Significa algo mucho más importante: estar donde se necesita vigilancia, hacer las preguntas incómodas y acompañar a las comunidades cuando el poder comienza a mirar hacia otro lado. Hay que exigir que los recursos lleguen. Hay que vigilar la reconstrucción. Hay que preguntar por las familias. Hay que hacer seguimiento a las escuelas, hospitales, vías y sistemas de comunicación. Hay que escuchar a los pequeños comerciantes, a los trabajadores y a las comunidades cuyo futuro económico quedó comprometido por el terremoto. Y los senadores que han manifestado preocupación ahora tienen que llevar esa preocupación más allá de los micrófonos. La ciudadanía también tiene un papel. No podemos olvidar. No podemos dejar de preguntar. No podemos permitir que la reconstrucción se convierta en un asunto exclusivo de funcionarios y contratistas. Las comunidades afectadas tienen derecho a saber qué recursos se asignan, dónde se invierten y cuándo llegarán las soluciones. Cuando las cámaras se apaguen, ahí comienza el verdadero examenEl Gobierno ha anunciado planes. Ha decretado medidas. Ha prometido reconstrucción. Todo eso será juzgado con el tiempo. Pero las víctimas no pueden esperar indefinidamente. Por eso el país necesita algo más que discursos. Necesita resultados. Transparencia. Información clara. Control político. Y una ciudadanía pendiente. El terremoto ya dejó una herida profunda. Ahora comienza otra batalla: impedir que esa herida sea seguida por el abandono, la burocracia, la falta de coordinación o la pérdida de los recursos destinados a reconstruir. A los senadores les corresponde vigilar. Al Gobierno le corresponde cumplir. Y a nosotros, como ciudadanía y como oposición, nos corresponde no desaparecer. Porque cuando deja de temblar la tierra, comienza a temblar la confianza en las instituciones. Y esa confianza no se recupera con anuncios. Se recupera cumpliendo.
  7. Steven Ramirez
    El debate sobre vivienda no puede quedarse en la anécdota de un “paseo a la playa”. Mientras miles de familias enfrentan emergencias y siguen esperando soluciones, el ministro de Vivienda tiene que responder ante el Senado y, sobre todo, ante el país. La vivienda digna no admite distracciones. Si este Gobierno prometió resultados, que los demuestre con hechos. A quienes hacemos oposición desde el Pacto Histórico y Colombia Humana nos corresponde estar atentos, hacer seguimiento y exigir respuestas. La oposición no puede mirar hacia otro lado cuando están en juego los derechos de la gente.
  8. Steven Ramirez
    El Llanito ante El Niño: cuando un ecosistema ya herido vuelve a quedar en riesgoMientras Colombia comienza a enfrentar nuevamente los efectos del fenómeno de El Niño, hay territorios donde la preocupación debería ser mayor. No porque sean simplemente puntos en un mapa, sino porque son ecosistemas que ya vienen soportando múltiples presiones. Uno de ellos es la ciénaga El Llanito, en Barrancabermeja. Hablar hoy de El Llanito no debería ser hablar únicamente de un posible problema futuro. El ecosistema ya ha enfrentado alertas ambientales, denuncias de contaminación, afectaciones sobre cuerpos de agua y episodios recientes que han puesto en evidencia la fragilidad de la ciénaga. Y ahora aparece una nueva amenaza: un fenómeno de El Niño que, según el IDEAM, ya está presente y podría fortalecerse durante el segundo semestre de 2026, con posibilidad de alcanzar una intensidad muy fuerte entre finales de este año e inicios de 2027. La pregunta entonces no debería ser solamente qué ocurrirá cuando lleguen los meses más secos. La verdadera pregunta es: ¿está preparado El Llanito para enfrentar un fenómeno climático de gran intensidad cuando su ecosistema ya viene acumulando problemas? Un humedal no puede esperar a estar agonizando para recibir atenciónLa ciénaga El Llanito no es un simple depósito de agua. Es un ecosistema del Magdalena Medio santandereano que cumple funciones fundamentales para la biodiversidad, la pesca y las comunidades que dependen directamente de sus recursos. Los humedales, además, almacenan agua, mantienen conexiones ecológicas y proporcionan hábitat para numerosas especies. La propia Gobernación de Santander ha incluido históricamente a El Llanito entre las ciénagas priorizadas para procesos de recuperación y reforestación. Pero un ecosistema puede resistir una presión. Dos. Tal vez varias. Lo que resulta peligroso es la acumulación. Contaminación, alteración de cuerpos de agua, pérdida de cobertura vegetal, presión humana y cambios climáticos no ocurren en compartimentos separados. Sus efectos pueden sumarse. Y eso es precisamente lo que debería preocuparnos. Durante mayo de este año se registró una emergencia ambiental relacionada con la presencia de hidrocarburos en la ciénaga El Llanito, luego de una afectación en un dique. Posteriormente, en junio, la Alcaldía de Barrancabermeja informó sobre una presunta falla operacional que habría provocado el vertimiento de hidrocarburos y aguas industriales, y anunció acciones frente a la situación. Como si esto no fuera suficiente, en julio pescadores y habitantes de la zona denunciaron la aparición de peces muertos, incluyendo rayas, bocachicos y alevinos. Las causas debían ser objeto de investigación y no pueden darse por sentadas sin resultados técnicos definitivos. Pero el hecho mismo de que aparezcan episodios de mortandad de fauna en un ecosistema ya sometido a presiones debería encender todas las alarmas. Porque ahora el país no se enfrenta solamente a una controversia ambiental local. Ahora se enfrenta también a El Niño. El Niño no llega a un ecosistema intactoEl IDEAM ha advertido que las condiciones asociadas al fenómeno de El Niño ya están presentes y que existe una alta probabilidad de fortalecimiento durante el segundo semestre de 2026. Entre los posibles efectos están la disminución de precipitaciones, el aumento de las temperaturas, una mayor evapotranspiración y presiones sobre la disponibilidad de agua y los ecosistemas. Para un humedal como El Llanito, esto no es una discusión abstracta. Menos agua puede significar cambios en las condiciones físicas y químicas del ecosistema. Temperaturas más altas pueden aumentar el estrés sobre especies animales y vegetales. La reducción de los niveles de agua puede afectar la conectividad hídrica. Y una combinación de sequía, contaminación y deterioro previo puede aumentar la vulnerabilidad de un ecosistema que debería ser protegido precisamente por su importancia ambiental. No se trata de afirmar que El Niño será automáticamente responsable de cada problema que ocurra en El Llanito. Sería irresponsable hacer esa afirmación sin estudios específicos. Pero sí existe suficiente evidencia para sostener algo mucho más importante: El Niño puede convertirse en un factor adicional de presión sobre un ecosistema que ya ha registrado alertas ambientales durante este año. Y esto no es una simple especulación. Una investigación académica de la Universidad Industrial de Santander analizó específicamente la ciénaga El Llanito y encontró que las condiciones hidroclimáticas asociadas con El Niño y La Niña generan variaciones en variables físicas, químicas y biológicas del ecosistema, incluyendo cambios en la composición y dinámica del fitoplancton. Es decir, El Niño sí tiene antecedentes de interacción directa con la dinámica ecológica de El Llanito. Por eso resulta incomprensible que esperemos a ver peces muertos, niveles de agua críticamente bajos o incendios en las zonas cercanas para empezar a preguntarnos qué debimos haber hecho. ¿Dónde está el plan para proteger El Llanito?Barrancabermeja ya había activado acciones preventivas ante la posibilidad de El Niño. Entre los riesgos identificados por las autoridades locales estuvieron los incendios de cobertura vegetal, el desabastecimiento de agua, las afectaciones a la fauna y flora y la disminución del nivel del río Magdalena. El Ministerio de Ambiente, por su parte, emitió medidas y recomendaciones relacionadas con la gestión del agua, la prevención de incendios y la protección de la fauna frente al fenómeno climático. Pero aquí aparece la pregunta incómoda: ¿Cómo se están traduciendo esas advertencias generales en acciones concretas para El Llanito? Porque una circular no limpia una ciénaga. Una reunión no recupera un nacimiento de agua. Un comunicado no devuelve la vida a los peces. Y una alerta temprana no sirve de mucho si llega acompañada de instituciones que reaccionan solamente después de que el daño ya está hecho. La comunidad necesita saber qué monitoreos se están realizando sobre la calidad del agua. Qué medidas existen para proteger la fauna durante los periodos de mayor estrés climático. Cuál es el estado real de las zonas afectadas por los recientes episodios ambientales. Qué protocolos se activarán si disminuyen los niveles de agua. Y, sobre todo, quién responderá si una nueva emergencia encuentra al ecosistema sin la preparación necesaria. No podemos normalizar que primero ocurra el desastre y después llegue la preocupaciónDurante demasiado tiempo Colombia ha construido una relación equivocada con sus emergencias ambientales. Esperamos el incendio para hablar de prevención. Esperamos que falte el agua para hablar de ahorro. Esperamos la mortandad de peces para investigar la calidad del agua. Esperamos que una ciénaga agonice para descubrir que era importante. El Llanito no puede seguir siendo tratado de esa manera. Este ecosistema merece vigilancia permanente, estudios técnicos públicos y una estrategia de protección que involucre a las comunidades que conocen el territorio y que viven directamente de él. Porque los pescadores no son espectadores. Son quienes ven primero los cambios en el agua. Quienes conocen las épocas de abundancia y escasez. Quienes pueden advertir cuándo algo comienza a cambiar. Y sus denuncias no pueden ser ignoradas hasta que una tragedia ambiental obligue a las instituciones a aparecer frente a las cámaras. El Niño debe ser una advertencia, no una excusaTambién hay que decirlo con claridad. Si El Llanito sufre nuevas afectaciones, no todo puede explicarse simplemente diciendo: “Fue El Niño”. El fenómeno climático existe. La sequía y el aumento de temperatura son riesgos reales. Pero los fenómenos naturales no borran las responsabilidades humanas. Una ciénaga protegida, monitoreada y atendida no enfrenta una crisis en las mismas condiciones que una ciénaga abandonada, contaminada o sometida durante años a múltiples presiones. Por eso la discusión no puede reducirse a esperar el pronóstico del tiempo. Debe hablarse de prevención. De restauración. De control sobre las fuentes de contaminación. De vigilancia de la calidad del agua. De protección de la fauna. De participación de las comunidades. Y de responsabilidades institucionales. El fenómeno de El Niño puede ser inevitable. La falta de preparación, no. Desde Colombia Humana y el Pacto Histórico debemos seguir insistiendo en una idea fundamental: la defensa de la vida también es la defensa de los ecosistemas. No se puede hablar de desarrollo mientras una ciénaga estratégica queda expuesta a la contaminación y, al mismo tiempo, a un escenario climático que puede aumentar su vulnerabilidad. No podemos esperar a que El Llanito se convierta en otro titular sobre peces muertos, incendios o pérdida de biodiversidad. La alerta está dada. El Niño ya está presente. El ecosistema ya ha sufrido presiones. Y las comunidades tienen derecho a saber qué se está haciendo. Porque proteger El Llanito no es defender simplemente un paisaje. Es defender el agua. Es defender la biodiversidad. Es defender el trabajo de los pescadores. Es defender un territorio. Y, sobre todo, es entender que cuando un ecosistema ya está herido, esperar a que llegue la próxima crisis para actuar puede ser demasiado tarde.
  9. Steven Ramirez
    La censura no puede ser un espectáculo: Beltrán debe responder ante el CongresoHay frases que nacen en medio de la rabia ciudadana y terminan expresando algo más profundo que un simple grito. Durante la discusión pública alrededor de la situación del ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, una consigna se repite con fuerza: “¡Moción de censura a Beltrán! ¡Fuera, fuera, fuera!” La frase, surgida en medio de la discusión ciudadana, refleja una indignación que el Gobierno de Abelardo de la Espriella y el Congreso no deberían simplemente ignorar. Porque aquí no estamos hablando solamente de una fotografía, de una polémica pasajera o de una batalla más en las redes sociales. Estamos hablando de una pregunta fundamental: ¿qué nivel de responsabilidad política debe exigírsele a un ministro cuando el país atraviesa una emergencia y, al mismo tiempo, sobre su trayectoria existen serios cuestionamientos que merecen explicaciones? Jaime Andrés Beltrán llegó al Ministerio de Vivienda cargando una controversia que no desapareció con su nombramiento. Investigaciones periodísticas y reportes de RTVC Noticias han puesto nuevamente sobre la mesa el caso relacionado con la desaparición de postes, luminarias y otros elementos del alumbrado público de Bucaramanga, un asunto en el que se han mencionado presuntas pérdidas superiores a los $23.000 millones y actuaciones de organismos de control. Y aquí hay que ser claros: una investigación no equivale a una condena. Que existan procesos, denuncias o cuestionamientos no convierte automáticamente a una persona en culpable. Esa decisión le corresponde a las autoridades competentes. Pero tampoco puede pretenderse que, porque no exista una sentencia definitiva, el debate político deba guardar silencio. Un ministro no es solamente un ciudadano privado. Es una de las máximas autoridades del Estado. Maneja recursos públicos, define políticas que afectan a millones de personas y representa a un gobierno. Por eso, cuando existen cuestionamientos de semejante magnitud, la respuesta no puede ser esconderse detrás de discursos, campañas de imagen o indignación selectiva. Tiene que responder. Y para eso existe el control político. La moción de censura no es una condena judicial ni una herramienta para reemplazar a los jueces. Es un mecanismo constitucional mediante el cual el Congreso puede exigir responsabilidad política a altos funcionarios del Gobierno. El propio Senado ha explicado que esta figura busca fortalecer los contrapesos institucionales y la rendición de cuentas del Ejecutivo. Por eso la discusión sobre Beltrán debería ser mucho más seria que una pelea entre simpatizantes y opositores. El Congreso debe preguntar. Debe citar. Debe escuchar. Debe contrastar las explicaciones del ministro con la información disponible. Y, si existen méritos políticos suficientes, debe decidir democráticamente si Beltrán merece o no continuar en el cargo. Lo que no puede ocurrir es que Colombia siga normalizando una vieja práctica: la de exigir explicaciones únicamente cuando el investigado pertenece al bando contrario y guardar silencio cuando el cuestionado está sentado en el gobierno propio. Desde el Pacto Histórico no podemos caer en esa incoherencia. Durante años se nos exigió que respondiéramos por cada funcionario, cada contrato, cada escándalo y cada sospecha surgida dentro del Gobierno de Gustavo Petro. Y así debe ser en una democracia: los gobiernos tienen que responder. Pero la misma regla debe aplicarse ahora. El nuevo Gobierno no puede reclamar autoridad moral mientras evade preguntas incómodas sobre sus propios ministros. No puede hablar de transparencia mientras los cuestionamientos se convierten en “ataques políticos” simplemente porque resultan incómodos. No puede presentarse como la alternativa contra la corrupción mientras se pretende que el país no pregunte por investigaciones y controversias que involucran a quienes hoy ocupan posiciones de poder. Y hay un elemento todavía más delicado. En medio de la emergencia provocada por el terremoto, Beltrán fue objeto de fuertes críticas después de que se difundieran imágenes suyas en un lugar de descanso. El ministro sostuvo públicamente que no estaba de vacaciones, sino compartiendo con su familia antes de continuar sus labores. La controversia, sin embargo, abrió un debate político sobre la presencia y responsabilidad de los funcionarios durante una crisis nacional. Esa discusión tampoco debe resolverse con fanatismos. No se trata de afirmar que un ministro no pueda tener vida privada. Se trata de preguntarse qué mensaje recibe una familia que ha perdido su vivienda, que espera ayuda, que no tiene servicios o que observa cómo las instituciones tardan en llegar, cuando uno de los principales responsables de la política de vivienda aparece en medio de una situación que genera dudas sobre su prioridad frente a la emergencia. La política también tiene símbolos. Y los símbolos importan. Un gobierno puede repartir discursos, hacer anuncios y llenar las redes de videos, pero ninguna estrategia de comunicaciones puede reemplazar la responsabilidad de estar donde el país necesita a sus funcionarios. Por eso la frase “¡moción de censura a Beltrán, fuera, fuera, fuera!” no debería entenderse como una sentencia anticipada ni como una sustitución de la justicia. Debería entenderse como lo que es: una expresión de inconformidad ciudadana que exige una respuesta política. Pero esa respuesta debe ser seria. No queremos linchamientos. No queremos montajes. No queremos condenas fabricadas desde las redes sociales. Queremos transparencia. Queremos explicaciones. Queremos que las instituciones funcionen. Y queremos que quienes llegaron al poder prometiendo un cambio entiendan que el poder no entrega inmunidad política. El caso Beltrán es una prueba para el Congreso, pero también para el Gobierno de Abelardo de la Espriella. La pregunta es sencilla: ¿habrá control político real o veremos nuevamente cómo el establecimiento protege a los suyos mientras exige la máxima severidad contra sus adversarios? Colombia necesita una oposición vigilante. Una oposición que no invente delitos, pero que tampoco calle ante las denuncias. Que respete el debido proceso, pero que no confunda el debido proceso con impunidad política. Que no grite “corrupción” para fabricar titulares, pero que tampoco permita que los cuestionamientos desaparezcan debajo de la alfombra. Porque un ministro puede defenderse. Y debe tener todas las garantías para hacerlo. Pero también debe responder. Ante los organismos de control, cuando corresponda. Ante la justicia, si las investigaciones avanzan. Y ante el Congreso y la ciudadanía, por la responsabilidad política que implica ejercer un ministerio. La moción de censura, entonces, no debería ser un espectáculo. Debería ser una oportunidad. La oportunidad para saber qué explica Beltrán. Qué respuestas tiene frente a los cuestionamientos sobre su gestión pasada. Qué responsabilidad asume frente a la crisis actual. Y qué clase de Gobierno pretende construir Abelardo de la Espriella. Porque si este gobierno quiere hablar de orden, transparencia y autoridad, debe comenzar por aceptar algo elemental: el control político no es persecución. Las preguntas no son un ataque. Y el poder público no puede exigir silencio. Hoy la ciudadanía grita. El Congreso debe escuchar. Y Beltrán debe responder.
  10. Más temprano
  11. Steven Ramirez
    Colombia vuelve a arder. Y mientras los incendios avanzan, las comunidades enfrentan la sequía y el país observa con preocupación los efectos del fenómeno de El Niño, surge una pregunta que no debería ser incómoda en una democracia: ¿qué está haciendo el poder con la emergencia y qué decisiones pretende tomar amparado en ella? El Gobierno de Gustavo Petro declaró en julio una situación de desastre nacional por los riesgos asociados al fenómeno de El Niño, con una vigencia inicial de doce meses. La medida fue presentada como una herramienta para anticiparse a la sequía, proteger el abastecimiento de agua y fortalecer la prevención y atención de incendios. También se venían anunciando medidas de preparación desde el sector ambiental y de gestión del riesgo. Pero precisamente porque una emergencia puede otorgar facultades y acelerar decisiones excepcionales, la ciudadanía tiene el derecho —y el deber— de vigilar. En redes sociales han circulado versiones y especulaciones sobre un posible aprovechamiento político de los incendios. Hasta donde puede verificarse, no encontré evidencia suficiente para afirmar que exista una operación específica para usar los incendios con un propósito oculto. Y sería irresponsable convertir un video de TikTok en una “verdad” sin pruebas. Sin embargo, tampoco significa que la discusión deba cerrarse. Porque la historia política de Colombia nos ha enseñado que las crisis pueden convertirse en escenarios para concentrar decisiones, mover recursos con menor escrutinio o impulsar medidas que, en condiciones normales, tendrían un debate público mucho más profundo. Por eso la pregunta no es una teoría conspirativa: la pregunta es por la transparencia. Si hay recursos extraordinarios, que se sepa exactamente cuánto dinero hay, dónde está, quién lo administra y cómo se ejecuta. Si hay medidas excepcionales, que se expliquen claramente. Si existen decisiones que afectan a las regiones, al ambiente, a las comunidades campesinas o a los territorios más vulnerables, que no se escondan detrás de la palabra “emergencia”. Porque una emergencia no puede convertirse en un cheque en blanco. Y mientras Colombia discute incendios, sequías y riesgos climáticos, también hemos visto cómo, frente a las tragedias, algunos sectores políticos parecen entender la solidaridad como un espectáculo. Lo ocurrido recientemente en Chocó debería llevarnos a una reflexión más profunda. En medio de una región históricamente abandonada, golpeada por la pobreza, la falta de infraestructura y las dificultades para atender emergencias, la discusión no puede reducirse a quién llega primero para la foto, quién hace el video más emotivo o quién reparte regalos frente a las cámaras. Un balón puede sacar una sonrisa. Pero no reconstruye una vivienda. No habilita una carretera. No fortalece un hospital. No garantiza agua potable. No reemplaza una política pública. Y ahí está uno de los grandes peligros de la política del espectáculo: convertir derechos en actos de caridad y necesidades estructurales en contenido para redes sociales. Chocó no necesita salvadores de fin de semana. Colombia tampoco. Necesitamos gobiernos que lleguen antes de la tragedia, no solamente cuando ya están las cámaras. Necesitamos prevención antes que discursos, inversión antes que publicidad y políticas públicas antes que regalos simbólicos. Porque es muy fácil aparecer con un balón en la mano. Lo difícil es responder durante años por el abandono de una región. Y esa será una de las discusiones fundamentales de los próximos años: ¿queremos una política construida sobre la imagen o una política construida sobre soluciones? La oposición tiene que hacer su trabajo. Vigilar. Preguntar. Investigar. Denunciar cuando haya razones y pruebas para hacerlo. Pero también debe ser responsable: no alimentar rumores simplemente porque circulan bien en TikTok o porque favorecen una narrativa política. Hay suficientes razones reales para exigir transparencia sin necesidad de inventar otras. Colombia enfrenta una nueva semana, y no será una semana tranquila. Vendrán nuevas discusiones políticas, nuevas decisiones, nuevas controversias y seguramente nuevos intentos de imponer relatos. Por eso, en este domingo, queda un saludo para quienes siguen creyendo que la política no puede reducirse a insultos, espectáculos y tendencias de unas cuantas horas. Que termine bien este domingo. Que empiece una nueva semana con más preguntas, más organización y, sobre todo, más memoria. Nos vemos mañana. Y seguimos. Porque la lucha política no se libra solamente un día, ni una semana, ni una campaña. La lucha es permanente. Y los próximos cuatro años también serán para vigilar, cuestionar, defender lo que se ha construido y enfrentar todo aquello que pretenda devolver a Colombia al abandono, al espectáculo y a la política de unos pocos. Feliz domingo para todos y todas. Mañana seguimos. Y esta semana también. Porque apenas comienza el camino.
  12. Steven Ramirez
    El presidente del Senado, Honorio Henríquez, hizo un llamado a construir un “Gran Consenso Nacional” para recuperar la economía colombiana, superar la polarización y encontrar acuerdos frente a los principales problemas del país. En principio, nadie debería oponerse a que Colombia busque acuerdos. El problema no es la palabra consenso. El problema es qué se va a negociar, quiénes van a participar y quiénes van a terminar pagando las decisiones que se tomen. Porque detrás de este llamado hay una agenda que merece toda nuestra atención: el Presupuesto General de la Nación para 2027, el Plan Nacional de Desarrollo 2026-2030, el ajuste fiscal y una posible reforma tributaria. El propio presidente del Senado anunció que pretende promover un espacio de trabajo conjunto durante la primera semana de septiembre para discutir estos asuntos. Y aquí es donde la ciudadanía debe ponerse las pilas. No podemos permitir que mientras se habla de unidad nacional, las decisiones que afectan directamente el bolsillo de los colombianos se negocien únicamente entre dirigentes políticos, empresarios y sectores de poder. Porque cuando se habla de ajuste fiscal, hay que preguntar inmediatamente: ¿Quién va a pagar? Cuando se habla de reforma tributaria: ¿A quién le van a cobrar más? Cuando se habla de reducir impuestos para incentivar la inversión, como ha planteado el presidente del Senado: ¿Qué sectores se van a beneficiar y qué recibirá a cambio la ciudadanía? Y cuando se habla del Presupuesto General de la Nación: ¿Cuánto dinero llegará realmente a las regiones? Estas preguntas no son oposición por oposición. Son democracia. El discurso de la unidad puede ser necesario en un país golpeado por una emergencia, por dificultades económicas y por profundas desigualdades regionales. Pero la unidad nacional no puede significar que todos tengamos que estar de acuerdo con todo lo que proponga el Gobierno o con todo lo que se negocie en el Congreso. La unidad no puede ser silencio. Colombia necesita acuerdos, sí. Pero necesita acuerdos transparentes. Necesita que la ciudadanía sepa qué se está negociando. Necesita conocer qué proyectos se están discutiendo. Necesita saber quién vota a favor y quién vota en contra. Y necesita saber cuáles son las consecuencias de esas decisiones. ¿Y dónde quedan nuestras regiones?Mientras en Bogotá se habla de grandes consensos nacionales, en los territorios seguimos preguntándonos cuándo las promesas económicas se convierten en obras, empleo, inversión y oportunidades reales. Miremos a Norte de Santander. Un departamento que no puede ser recordado solamente cuando llegan las elecciones o cuando aparece una crisis en la frontera. Norte de Santander necesita que el debate económico nacional también hable de infraestructura, empleo, conectividad, desarrollo rural, seguridad, frontera y oportunidades para los jóvenes. Y dentro del departamento tenemos que hablar también de Pamplona. Pamplona no puede quedar por fuera de la conversación nacional sobre desarrollo. La región necesita que quienes dicen representar al territorio estén pendientes de qué recursos quedan incluidos en el presupuesto, qué proyectos avanzan y cuáles se quedan nuevamente en anuncios. Porque es muy fácil hablar desde Bogotá de “recuperar la economía”. Lo difícil es explicar cómo esa recuperación llegará a los municipios. Cómo llegará a Pamplona. Cómo llegará a Norte de Santander. Cómo llegará a las familias que hoy tienen que hacer verdaderos malabares para pagar sus gastos. El llamado al Pacto HistóricoPor eso, desde el Pacto Histórico y desde la oposición tenemos que asumir una responsabilidad que va mucho más allá de publicar comunicados. Hay que vigilar al Congreso. Hay que estar pendientes de cada sesión. De cada proyecto. De cada ponencia. De cada proposición. De cada votación. De cada acuerdo que se pretenda presentar como un “gran consenso nacional”. Porque si realmente estamos hablando de construir un nuevo país, la ciudadanía también tiene derecho a participar en esa construcción. Y una de las formas más sencillas de hacerlo es mirar directamente lo que ocurre en el Congreso. A todos los simpatizantes, militantes y ciudadanos que acompañan al Pacto Histórico y a la oposición les hacemos una invitación: No dejemos que otros decidan por nosotros mientras nosotros solamente miramos las noticias al día siguiente. Sigamos las próximas sesiones del Senado y la Cámara. Miremos las transmisiones en vivo. Escuchemos qué dicen los congresistas. Revisemos qué proyectos presentan. Miremos cómo votan. Y, sobre todo, recordemos esas votaciones. Porque un congresista no solamente debe ser evaluado por lo que dice en redes sociales. También debe ser evaluado por lo que hace cuando tiene el botón de votar frente a él. El Congreso cuenta con transmisiones de sus sesiones y con canales institucionales de información, y seguir directamente los debates es una de las mejores herramientas que tiene la ciudadanía para ejercer control político desde afuera del Capitolio. No necesitamos esperar a que un político nos diga qué ocurrió. Podemos verlo nosotros mismos. Y eso es especialmente importante ahora. Porque vienen discusiones que pueden marcar buena parte del rumbo económico del país durante los próximos años. Presupuesto. Reforma tributaria. Ajuste fiscal. Plan Nacional de Desarrollo. Inversión regional. Reconstrucción después de la emergencia. Son palabras que parecen lejanas, pero terminan afectando el precio de los productos, los impuestos, el empleo, las obras públicas, las universidades, los hospitales y las oportunidades de nuestras regiones. Por eso hay que estar atentos. Consenso, sí. Cheques en blanco, no.El presidente del Senado habla de superar la polarización y reemplazar los enfrentamientos por encuentro, negociación y acuerdo. Es una propuesta que merece ser escuchada. Pero también merece ser vigilada. Porque en democracia negociar no es malo. Lo malo sería negociar a espaldas de la gente. Llegar a acuerdos no es malo. Lo malo sería que esos acuerdos terminen beneficiando siempre a los mismos. Buscar consensos no es malo. Lo malo sería utilizar la palabra consenso para desactivar la crítica y presentar como inevitable aquello que todavía debe ser discutido por el país. Desde el Pacto Histórico debemos decirlo con claridad: Colombia puede dialogar sin renunciar a sus principios. Puede construir acuerdos sin abandonar a las regiones. Puede hablar con empresarios sin olvidar a los trabajadores. Puede buscar inversión sin sacrificar derechos. Puede discutir una reforma tributaria sin permitir que siempre sean los mismos quienes carguen con el costo. Y puede construir unidad sin pedirle a la oposición que deje de hacer oposición. Por eso, ciudadanos de Norte de Santander, de Pamplona y de todo el país: estemos atentos. Lo que viene en el Congreso no será un asunto menor. Que nadie nos diga después que las decisiones se tomaron porque “nadie estaba pendiente”. Que nadie diga que la ciudadanía no sabía. Que nadie negocie nuestro futuro en nuestro nombre sin que nosotros sepamos qué está negociando. El Congreso es de los colombianos. Las decisiones son de interés público. Y ahora más que nunca tenemos que mirar, escuchar, preguntar y exigir. Consenso sí. Acuerdos transparentes sí. Unidad sí. Pero nunca una unidad que signifique silencio. Nunca un consenso que signifique cheque en blanco. Y nunca decisiones sobre el futuro de Colombia tomadas a espaldas de quienes tendrán que vivir con sus consecuencias. La oposición también se ejerce vigilando. Y la ciudadanía también gobierna cuando está informada.
  13. Steven Ramirez
    Colombia está de luto. El terremoto que golpeó al país dejó muertos, heridos, familias sin vivienda y comunidades enteras enfrentando una emergencia que exige toda la capacidad del Estado. En este momento, la prioridad debe ser salvar vidas, atender a los damnificados y garantizar que la ayuda llegue, sin intermediarios políticos y sin importar el color partidista de las regiones afectadas. Pero precisamente porque Colombia está concentrada, como debe ser, en esta tragedia, hay otra responsabilidad que no podemos olvidar: seguir mirando al poder. Porque mientras los colombianos miran los escombros, el Gobierno tiene en sus manos herramientas extraordinarias. El presidente Abelardo de la Espriella anunció la declaratoria de una Emergencia Económica para enfrentar las consecuencias del terremoto. Esa figura constitucional existe precisamente para responder a situaciones excepcionales y permite al Ejecutivo adoptar medidas mediante decretos legislativos. No es ilegal ni necesariamente cuestionable que un Gobierno recurra a ella cuando una tragedia lo exige. El problema comienza cuando la excepcionalidad se convierte en una puerta para hacer mucho más de lo estrictamente necesario para atender la emergencia. Y ahí es donde el Congreso tiene que ponerse serio. Muy serio. Porque una emergencia nacional puede producir un efecto político peligroso: mientras todo el país está pendiente de los damnificados, las ayudas humanitarias y las cifras de muertos, decisiones económicas, fiscales, administrativas o políticas pueden pasar rápidamente a un segundo plano. No estoy diciendo que el Gobierno esté preparando una maniobra secreta. Estoy diciendo algo mucho más sencillo: no podemos darle al Gobierno el beneficio de la duda sin ejercer control. La Constitución tampoco le da al Ejecutivo un cheque en blanco. Los decretos expedidos durante un estado de excepción tienen límites y deben estar directamente relacionados con las causas que originaron la emergencia. Además, existe control político del Congreso y control constitucional de la Corte. La propia experiencia reciente con otros estados de emergencia demuestra que las facultades extraordinarias no son ilimitadas y que algunas medidas pueden terminar siendo cuestionadas o anuladas por la justicia constitucional. Entonces la pregunta es inevitable: ¿Quién va a vigilar mientras Colombia está distraída por la tragedia? La respuesta debería ser el Congreso. Y particularmente quienes se encuentran en la oposición. El Senado ya anunció la conformación de una comisión bicameral para acompañar la atención de la emergencia. Bienvenida sea. Pero acompañar no puede significar simplemente tomarse fotografías, visitar zonas afectadas y repetir los anuncios del Gobierno. Acompañar también significa preguntar, revisar, exigir documentos, verificar contratos y hacer seguimiento peso por peso. Porque los terremotos derrumban edificios, pero las emergencias mal administradas pueden derrumbar las instituciones. Y Colombia ya sabe que después de una tragedia aparecen miles de millones de pesos para reconstruir. Ahí está el verdadero riesgo. La emergencia no solamente significa ayudas humanitarias. Significa contratación, vivienda, infraestructura, carreteras, hospitales, subsidios, créditos, exenciones, modificaciones presupuestales y enormes recursos públicos destinados a la reconstrucción. Todo eso será necesario. Pero precisamente porque será necesario, todo eso debe ser vigilado. Ya hemos visto aparecer iniciativas legislativas relacionadas con la situación de los territorios afectados. Incluso se ha planteado un régimen especial de incentivos tributarios para el Chocó. Algunas de estas propuestas pueden ser perfectamente legítimas y necesarias. Pero una emergencia tampoco puede convertirse en el momento perfecto para introducir, escondidas entre artículos de reconstrucción, reformas que nada tengan que ver con la tragedia. Ese es el punto que la ciudadanía no puede perder de vista. Cada proyecto. Cada decreto. Cada artículo. Cada contrato. Cada modificación tributaria. Cada traslado presupuestal. Cada contratación de emergencia. Todo debe ser revisado. Y aquí hago un llamado particularmente a las bancadas de oposición y, por supuesto, al Pacto Histórico. No permitan que la solidaridad con las víctimas se confunda con silencio político. No permitan que cuestionar al Gobierno sea presentado como falta de solidaridad con los damnificados. No permitan que la tragedia sea utilizada para construir una narrativa en la que cualquier crítica al Ejecutivo sea considerada un ataque contra Colombia. Se puede acompañar a las víctimas y al mismo tiempo controlar al Gobierno. De hecho, eso es exactamente lo que debería hacer una oposición responsable. Si Abelardo de la Espriella necesita facultades extraordinarias para reconstruir el país, que las utilice exclusivamente para reconstruir el país. Si necesita recursos adicionales, que explique de dónde salen. Si necesita modificar impuestos, que explique por qué. Si necesita contratar de manera excepcional, que publique los contratos y sus beneficiarios. Si necesita crear programas nuevos, que explique cuánto cuestan y quién los ejecutará. Y si pretende utilizar la emergencia para tomar decisiones que no tengan una relación directa con la tragedia, que el Congreso y la ciudadanía se lo impidan. Porque una emergencia puede ser una necesidad nacional. Pero también puede convertirse, si no existe vigilancia, en una oportunidad política. Y ahí es donde debemos estar pilas. No porque debamos asumir que todo lo que haga Abelardo será malo. Sino porque ningún presidente debe tener vía libre simplemente porque el país está atravesando una tragedia. La historia colombiana demuestra que los momentos de crisis suelen ser momentos de grandes decisiones. Algunas transforman positivamente al país. Otras terminan dejando deudas, contratos cuestionados y oportunidades perdidas. Por eso hoy la solidaridad tiene que ir acompañada de vigilancia. Que nadie utilice el dolor de los colombianos para aprobar lo que no podría aprobar en circunstancias normales. Que ningún artículo extraño quede escondido dentro de una ley de reconstrucción. Que ningún contrato de emergencia termine beneficiando a los amigos del poder. Que ningún peso destinado a las víctimas termine en manos de quienes ven las tragedias como negocios. Y que ninguna cortina de humo sea suficientemente grande para impedirnos mirar lo que está haciendo el Gobierno. Colombia necesita ayuda, no aprovechamiento político. Necesita reconstrucción, no improvisación. Necesita recursos, pero también transparencia. Y necesita un Congreso que no se dedique únicamente a acompañar al Gobierno en la tragedia, sino que tenga el valor de preguntarle, cada vez que sea necesario: ¿Para qué necesita ese poder? ¿En qué se va a gastar ese dinero? ¿Quién se va a beneficiar? ¿Y quién está vigilando al que gobierna? Porque mientras Colombia levanta sus casas, sus hospitales y sus carreteras, también tendrá que levantar una barrera contra cualquier intento de aprovechar la tragedia para hacer política a espaldas de los ciudadanos. El terremoto ya hizo suficiente daño. Que la falta de vigilancia no termine haciendo el resto.
  14. Steven Ramirez
    La Contraloría no puede ser un premio de consolación política Hay decisiones del Congreso que pueden ser explicadas como acuerdos políticos. Hay otras que, por la importancia del cargo que está en juego, deberían obligarnos a levantar la voz y exigir explicaciones. La elección de Jorge Eliécer Laverde Vargas como nuevo Contralor General de la República pertenece, sin duda, a la segunda categoría. El Congreso lo eligió con 269 votos para dirigir hasta 2030 el organismo encargado de vigilar el uso de los recursos públicos. El propio Senado presenta su llegada como la de un jurista con una amplia formación académica y una extensa trayectoria en el sector público. Pero precisamente por la magnitud de la responsabilidad, una hoja de vida extensa no puede ser suficiente. La pregunta que debemos hacernos desde la oposición es sencilla: ¿qué tan independiente puede ser un Contralor que llega al cargo después de una larga trayectoria dentro del Congreso y rodeado de apoyos políticos de prácticamente todos los sectores? Laverde fue durante años secretario de la Comisión Sexta del Senado. Su conocimiento del Congreso es innegable, pero ese mismo conocimiento plantea un problema que no puede ignorarse: la Contraloría debe controlar a quienes toman decisiones y manejan recursos públicos, incluidos los mismos sectores políticos con los que el nuevo Contralor ha construido relaciones durante años. Y hay antecedentes que merecen ser recordados. En 2015, el Consejo de Estado declaró la nulidad de la elección de Laverde como secretario de la Comisión Sexta debido a irregularidades en el procedimiento mediante el cual se produjo aquella elección. Es importante decirlo con precisión: la decisión judicial cuestionó el procedimiento de elección y no estableció que Laverde hubiera cometido un delito. Sin embargo, es un antecedente que merece estar sobre la mesa cuando se evalúa la confianza que debe despertar quien ahora tendrá la responsabilidad de vigilar billones de pesos de los colombianos. Tampoco puede ignorarse que en 2025 Cambio Radical solicitó una investigación disciplinaria contra Laverde y contra el secretario general del Senado por una presunta omisión administrativa relacionada con la participación en votaciones de la entonces senadora Ana María Castañeda, pese a una sanción interna de su partido. Nuevamente: una solicitud de investigación no equivale a una condena. Pero sí constituye un cuestionamiento público que debería haber sido revisado con especial cuidado antes de entregar a una persona el máximo cargo del control fiscal del país. Y existe otro episodio todavía más delicado. En 2023, la entonces senadora María José Pizarro hizo público un informe sobre presuntos casos de acoso sexual y laboral en el Congreso en el que apareció mencionado Laverde. Él negó las acusaciones y posteriormente buscó defenderse públicamente de esos señalamientos. Por eso tampoco corresponde presentar una acusación como si hubiera una condena que no existe. Lo que sí corresponde es preguntar si el Congreso hizo una revisión suficientemente rigurosa de estos antecedentes antes de entregarle una responsabilidad institucional de semejante magnitud. Pero quizás la mayor preocupación no está solamente en los antecedentes personales. Está en la forma política como se construyó esta elección. Antes de la votación se habló de respaldos provenientes de sectores del liberalismo, de figuras como Lidio García y Simón Gaviria, y de conversaciones que involucraban tanto al Pacto Histórico como al Centro Democrático. Finalmente, el apoyo fue todavía más amplio. Según reportó El País, Laverde recibió respaldo de partidos tradicionales y de derecha, y posteriormente se sumaron otras fuerzas, incluido el Pacto Histórico. También recibió respaldo público del ministro del Interior, Rodrigo Lara, del Gobierno de Abelardo de la Espriella. Aquí es donde el Pacto Histórico tiene que hacer una reflexión seria. No puede la bancada de oposición convertirse en una simple acompañante de los acuerdos burocráticos del nuevo establecimiento político. El Pacto Histórico llegó al Congreso con la promesa de cambiar la forma tradicional de hacer política. Por eso sus congresistas deben entender que votar por un funcionario de control no puede ser un intercambio de favores ni una apuesta por mantener relaciones cordiales con quienes hoy gobiernan. Si el Pacto Histórico decidió acompañar la elección de Laverde, tiene ahora una obligación todavía mayor: vigilarlo. Vigilar cada contrato. Vigilar cada auditoría. Vigilar cada decisión fiscal. Vigilar qué funcionarios resultan investigados y cuáles terminan inexplicablemente excluidos. Vigilar que la Contraloría no se convierta en una herramienta de persecución política contra la oposición ni, mucho menos, en un mecanismo de protección para los aliados del poder. Porque la verdadera prueba de un Contralor no está en su discurso de posesión. Laverde dijo ante el Congreso que la Contraloría sería “la casa de la transparencia” y que sería un “templo técnico al servicio del pueblo colombiano”. La prueba estará en lo que haga cuando tenga enfrente a los poderosos. Y allí es donde el Pacto Histórico, si realmente quiere ejercer una oposición responsable, debe mantenerse vigilante. No basta con haber votado. Ahora hay que controlar al controlador. La Contraloría General no puede ser un premio por años de permanencia en el Capitolio, ni una recompensa producto de acuerdos entre partidos, ni una cuota de ninguna casa política. Debe ser una institución independiente, incómoda para el poder y absolutamente rigurosa con cada peso público. Por eso el mensaje para los senadores del Pacto Histórico debe ser claro: no entreguen un cheque en blanco. Si Laverde quiere demostrar que es independiente, que lo haga con hechos. Que investigue sin mirar el color político del funcionario. Que audite al Gobierno anterior y al Gobierno actual con la misma severidad. Que explique sus decisiones. Que publique resultados. Que permita el escrutinio ciudadano y que no confunda gobernabilidad con complicidad. Y si en el camino aparecen irregularidades, que la oposición no guarde silencio simplemente porque algunos de sus propios votos contribuyeron a llevarlo al cargo. La política puede equivocarse en una elección. Lo imperdonable sería equivocarse dos veces: primero al elegir y después al negarse a vigilar. La Contraloría debe controlar el poder, no pertenecerle. Y esa es precisamente la razón por la que la elección de Jorge Eliécer Laverde Vargas no puede cerrar el debate. Apenas lo comienza.
  15. El Escribidor
    Proyecto hotelero en Éxito o antiguo almacén Vivero en el barrio de San Diego… (15/08/2’026) Recuerdo cuando era niño en los años noventa que ahí quedaba el almacén Vivero. Vivía detrás del almacén, por la calle de la Carbonera de San Diego con mi familia paterna, prácticamente enfrente de la entrada y salida de los empleados del almacén. Me gustaba vivir ahí pero no tanto como en La Loma del Diamante, y si me hubieran dejado ser más libre como lo era y siempre lo he sido en La Loma del Diamante, vivir en ese momento en San Diego me hubiera gustado más, de hecho, desde Loma del Diamante se puede observar plenamente este lugar. Iba con mi abuelo paterno a hacer mercado, y me enseñaba porque a veces me mandaba solo a comprar pequeñas cosas, y me mandaba a comprar con las monedas de 20 y 10 pesos. Aunque a él le gustaba comprar más en la Olímpica porque era más barato. A mi padre lo que más le gustaba comprar en el Vivero era la ropa, siempre han vendido ropa de calidad y, a veces iba con él, aunque también le gustaba la del antiguo almacén LEY. También iba con mis tías o con mi madre putativa que también me enseñó a comprar y a tomarme las lecheritas condensadas dentro del almacén sin pagarlas, argumentando de que ese almacén tenía mucho dinero, fue la que influyó bastante en mí para volverme revolucionario, por eso a veces parezco hijo de ella. Vivía entre San Diego y La Loma del Diamante, y también entre Marbella, aunque me quisieron obligar a vivir en Ternera y, la verdad nunca me gustó por allá, estaba muy lejos y pasaba encerrado aunque con un patio bastante grande que tenía palo de totumo, de ciruela, de mamón, y las ramas de tamarindo del patio vecino daban con el de mi abuela paterna. Mi padre para relacionarme con Getsemaní donde él se crió también, me metió en el Colegio de “La Milagrosa”, y entonces el sector turístico y amurallado se convirtió en mi área de influencia, aunque una prima materna se casó en La Iglesia de La Trinidad en 1’994 y yo llevaba los anillos, y cuando era niño mi madre siendo una pelada todavía me llevaba a las fiestas que ella iba en Getsemaní. De alguna manera quizá fue una razón para tener plena consciencia de la existencia y de la vida desde casi siempre y de maravillarme de estar aquí. Cuando duraba mucho tiempo con mi padre, me empezaba a dar mamitis, y abuelitis materna, y hermanitis materna, y lomitis… Y entonces yo me iba y no había nada en el mundo que pudiera reemplazar a La Loma del Diamante, donde pasaba en la calle día y noche, llegaba a mi casa era a comer, cagar y dormir, porque pasaba jugando con mis amigos y amigas del barrio —que son también como mi familia—, al bate de tapita, a béisbol, a la bolita de caucho, a la peregrina, al yoyó, a la bolita de uña, al trompo, a la coca, de acuerdo al tiempo o temporada de cada cosa, y al escondido, al pilla’o, al quema’o, al mecánico, y nos tirábamos desde la Loma en una patineta con ruedas de balineras que unos amigos muy inteligentes hacían con una tabla de madera, que de hecho a ellos les aprendí a arreglar bicicletas; también jugábamos al amigo secreto, amores platónicos y una novia que no sabía que yo era su novio aunque todo el barrio ya lo sabía y ella fue la última en enterarse y me formó una murga cuando llegó a saberlo, es que ya todos habían escogido a su novia y ella era la única que quedaba, no había otra, y a mí me figuró así, no lo hice por amor, sino porque no había más, pero bueno, también jugábamos a la cabuya que era una de mis favoritas, entre muchos otros juegos, por eso hay una frase que recuerdo de que los niños aprenden jugando. También íbamos a playa o nos poníamos a caminar algunas de las calles de las faldas de La Popa para ver como sonaba un picó famoso que a veces tocaba por alguna de ellas y de noche. Después teniendo tanto tiempo en La Loma del Diamante mi padre quería que estuviera un rato también con ellos, quizá le preocupaba que la libertad ilimitada que mi madre me daba se saliera de las manos y no era para tanto porque en algún momento de mi vida así fue. También en especial porque mi primo paterno no tenía con quien jugar y pasaba encerrado. Entonces yo iba y me pasaba otro tiempo en San Diego, y no sé si fui yo quien le dio la idea a mi primo hermano de robarnos algunas chucherías del Vivero, y llegó el momento en que ya teníamos tantas chucherías guardadas en unos cajones de un tocador, mi primo llegó a tener más que yo, se volvió experto en el asunto, y mi padre se dio cuenta y nos preguntó que de dónde sacábamos plata para comprar tantas cosas, y yo le dije que de la merienda, pero él no se comió el cuento y nos dijo que cuidado nos cogían robando en el Vivero. Quizá alguien nos vio y le dijo, o fue mera intuición y deducción lógica. Pero, nosotros teníamos una ventaja y era que qué sospechas iban a generar los nietos del señor Támara, unos niños de casa y bien educados, ya todos los empleados del almacén nos conocían. No obstante, nosotros no éramos los únicos niños de San Diego que iban a robar chucherías al Vivero, en realidad no necesitábamos hacerlo, simplemente queríamos tener adrenalina, suspenso, ¿quizás maldad contra estos mega ricos? Otros niños del sector hacían los mismo, me imagino que cuando hacían el inventario las cuentas no les daban. Alguna vez cogieron a uno que intentó sacar unos patines, ya eso era avaricia y codicia, eso sí, el pela’o lloró más que el carajos y llamaron a los padres. Algunos utilizaban buzos y sacaban paquetes de cigarrillos que llevaban ocultos en los brazos. En realidad nunca sentí remordimiento de consciencia, y menos cuando robábamos también en las olímpicas de los Char a las que le dimos por la cabeza, porque ladrón que le roba a ladrones y explotadores tiene mil años de perdones. Mi tío materno Prisciliano León-López cuando recibía el sueldo de la ELECTRIFICADORA de Bolívar (muy bueno) hacía mercado también y me llevaba con mis primas, llenaba el carrito, nos daba helados, buen cliente de las olímpicas, y no era tacaño como lo son los Támara, más duros que un sancocho de tuercas, o que una tuerca de submarino. Aunque mi abuelo paterno alguna vez nos dio una sorpresa a mi primo y a mí, y nos compró a cada uno una bicicleta en el otro Vivero de la Matuna, que fue Magali París y que hoy mismo también cerraron, al parecer por el mismo proyecto, porque hasta hoy son almacenes Éxito. Pero bueno, no le robábamos al pobre, sino al rico, por eso nunca sentimos culpa mi primo hermano y yo. Aunque uno lo dejó de hacer por miedo a que nos cogiera el vigilante y por respeto y temor a nuestros mayores. A mí por ejemplo me hacía recordar las aventuras de Robin Hood. Cuando pusieron la Olímpica del Paseo de Bolívar en Torices, también me cogí algunos objetos, y alguna vez entré con unos amigos de La Loma del Diamante a los que les propuse esa maquiavélica idea, se pusieron nerviosos, a uno lo cogió el vigilante, y otros salieron, pero yo fui el primero que salió porque tenía más experiencia, y con una gelatina sin sabor que no es lo mismo, la que utilizamos para hacernos un gel para el cabello combinado con Guásimo. Después una de mis tantas tías me empezó a dar estudios bíblicos y a enseñarme los diez mandamientos, y gracias a Dios (YHWH) porque esas malas mañas si no se quitan de niño, se crecen con ellas y de grande se convierte uno en un problema para la sociedad, y en un país como Colombia termina uno siendo un nuevo burgués del traquetismo del narcotráfico lavador de activos con aspiraciones presidenciales como un famoso tinterillo que anda por ahí, porque eso es lo que nos enseñan los canales estos de desinformación masiva con su contenido no educativo, sino que propagandístico de adoctrinamiento ultraderechista, y no les voy a negar que cuando niño yo quería ser narcotraficante también, porque eso es lo que nos venden como algo normal, por eso es que yo comprendo muchos comportamientos humanos, porque el ejemplo para tales comprensiones es uno mismo. Lo que pasa es que uno como diamante en bruto se va puliendo. De no ser así termina uno perteneciendo a partidos como Cambio Radical, “Centro Democrático”, o Conservador, o como el desprestigiado ya partido Liberal, o de la U, o como “Salvación Nacional” que lejos está de las ideas de su principal y difunto fundador Álvaro Gómez-Hurtado, entre otros partidos que son oficinas delincuenciales de corbata, que son quienes apoyan estos proyectos sin tener en cuenta a las comunidades que aquí habitan y borran anécdotas como las mías que valen más que cualquier edificación de hotel más que cinco estrellas o centros comerciales como la Serrezuela, por ejemplo. O por el lado de Getsemaní al proyecto hotelero San Francisco. Cuando un territorio pierde su gente, se vuelve frío, y al final el extranjero quiere ver algo diferente del mundo artificial que precisamente ya observan en sus países. Es que de eso ya quieren escapar, como para venir aquí a encontrarse con algo igual o parecido. Anécdotas del barrio como cuando de niño enamorado de una muchacha tan bonita le escribí una carta anónima porque me daba terror que se enterara que yo era el galán, eso con la complicidad de mi primo, metí la carta por debajo de la puerta de la casa de ella. Cosas así, asuntos así es lo que quiere la mayor parte del visitante, su gente, su historia barrial. ¿Qué le van a ofrecer? ¿Lo mismo que pueden encontrar en cualquier parte del mundo? Día, sol, playa, mar, precios exorbitantes en un mundo plástico, y les digo, que muchos prefieren comprar en el mercado de Bazurto que en la Serrezuela, porque es que eso ya lo tienen en sus países. Sin embargo, si no hay más nada que ofrecer, ellos no tendrán otra alternativa, pero difícilmente volverán. Aunque ya San Diego ha sido gentrificado, no del todo aún, porque yo tampoco me he ido, y tampoco pienso hacerlo, y sigo aquí, también sé jugar este juego, por eso su proyecto tampoco me incomoda, al contrario, me cae de pedrada, y quizá algún día o alguna noche duermo en él con alguna de sus huéspedes, porque llegará a ser lo más maravilloso de su visita a Cartagena (Bolívar). Peloteros del Caribe activos. ¡La resistencia continúa! Atentamente, José Antonio Támara-León. El Escribidor de La Loma del Diamante.
  16. El Escribidor
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    Sesiones extraordinarias... (13/08/2’026) Hoy estuve visitando el Concejo Distrital de Cartagena para saludar a mi amigo Armando Córdoba-Julio Concejal por Alianza Verde. Ya no está mi otro amigo Javier Julio-Bejarano a quien apoyé alguna vez para la Alcaldía de Cartagena con el aval del Pacto Histórico. Me encontré también con mi otro amigo Reinaldo Manjarrez-Muñoz (quien alguna vez aspiró a la Alcaldía de Cartagena por la Unión Patriótica y a quien apoyé en su momento) quien hoy me propuso aspirar —como muchos ya me lo han propuesto— al Concejo Distrital en las próximas elecciones locales de 2'027. Mi primera aspiración política fue cuando me lancé en tiempos de Dau —porque los amigos siempre me han presionado para que aspire yo a algo y no solamente apoye a otros— para ser alcalde de la Localidad Histórica y del Caribe Norte de Cartagena (Bolívar), más conocida como localidad uno, en la que Dau rechazó la primera terna elegida por la Corporación Edilicia de esta localidad y, de la cual le tocó aceptar la segunda terna, porque ya sabemos como opera esto aquí con los ediles, si no negocias con ellos repartirte el erario no te meten en la terna, ellos pensaron en mí, pero a mí me llegó un chisme que no me eligieron porque Dau sin duda me elegiría a mí y después yo los metía presos a todos ellos, y es verdad, ya que con cualquier propuesta indecente a mí, yo les abriría un proceso sin lugar a dudas con el objetivo de meter preso al primero para que no hubiera un segundo con propuestas indecentes. Pero bueno. Después osé ser precandidato a la Gobernación de Bolívar por la Colombia Humana donde hubo una consulta cerrada de partido. Ganó Viana que ya sabemos como opera él aunque lo aprecio y, después se retiró dejándole el camino libre a Yamil Arana. Si ellos con sus artimañas no hubieran intervenido en nuestro proceso de base, con toda seguridad les digo que ni Yamil hubiera sido gobernador, ni Dumek Turbay hubiera sido alcalde, pero ya sabemos como operan las mafias e infiltran nuestras causas, porque ellos saben que uno tiene la capacidad para crear un fenómeno político. Lo peor del caso es que nuestras juntas directivas se prestan para eso, quizá por soberbia o envidia o porque piensan que uno está en alguna competencia, y no, uno lo que quiere es arreglar esta vaina, porque como dice mi padre: "tienen el cerebro chiquitico." De todas maneras lo pensaré, y se lo dejo a ustedes para que también lo piensen y profundicen en lo que quiero decir. Porque si la junta directiva sigue haciéndole el juego a las mafias y a la clase política tradicional yo no pienso seguir desgastándome en las estupideces que comete una junta directiva que al final no sirve para un culo. Me perdonarán la expresión, pero es así. Sino que para su egocentrismo, cuando al final viene un man del Clan del Golfo o de cualquier otra banda criminal aliada con algún politiquero y se les para en frente y se van diarrea porque no tienen la fuerza mental ni las gónadas entrenadas para enfrentar amenazas ni intimidaciones, porque para eso también hay que tener calle sumada a la erudición. Al final, participé en esta última campaña nacional porque se me dio por inscribirme en la lista a Senado de La República de Colombia 2'026-2'030, y me escogieron para nuestra consulta de partido, a lo que pude entrar en la lista oficial del Pacto Histórico a Senado, y me tocó asumir esa responsabilidad por una causa justa y noble, ganamos, sin lugar a dudas, y tenemos claro el fraude que hubo. Pero bueno, fue una grata experiencia y los que saben de ley cuando voy por la calle me dicen "Senador suplente", algo que me hace reír con gratitud, porque es evidente que nuestros compañeros en el Senado están dando cátedra en este recinto donde también debatieron nuestros ancestros y mayores. Total, quisiera olvidarme de lo público, porque ya con lo privado mi vida o futuro está asegurado, si llego a viejo, claro está, y sin necesidad de pensionarme. Porque muchos tarados y arribistas prejuiciosos piensan que uno quiere ser político para vivir de lo público y enriquecerse con las arcas del Estado como los demás que traicionan a la Patria. Ladrón juzga por su condición. Pd: A nivel de Bolívar y Cartagena el Pacto Histórico y la Alianza Verde deben unirse para las próximas elecciones regionales, para poder vencer a la maquinaria politiquera y traqueta del departamento y de la ciudad. Esta táctica debe ser aplicada igualmente en toda Colombia. Atentamente, JOSÉ ANTONIO TÁMARA-LEÓN. El Escribidor de La Loma del Diamante.
  17. Steven Ramirez
    Por momentos, la sesión de las Comisiones Económicas Conjuntas pareció menos un escenario para discutir con rigor los problemas económicos del país y más un retrato de las prioridades políticas que comienzan a imponerse en el nuevo Congreso. Entre cifras, discursos y reproches cruzados, quedó una pregunta que debería preocupar a cualquier ciudadano: ¿se está legislando pensando en el país o calculando el costo político de cada decisión? Los congresistas del Pacto Histórico que intervinieron plantearon, desde su posición de oposición, una lectura distinta. Pero hacer oposición no significa tener un cheque en blanco. También corresponde preguntarle al Pacto Histórico por aquello que no explicó, por las decisiones del Gobierno anterior que ahora pretende defender y por la manera en que sus propuestas pueden convertirse en resultados concretos. Lo preocupante de la sesión no fue que existieran diferencias —eso es precisamente lo que debería ocurrir en una democracia—, sino que detrás de algunos discursos pareciera esconderse una vieja práctica: convertir el debate económico en una batalla de etiquetas políticas. Mientras unos hablan de responsabilidad fiscal, otros de derechos sociales; unos invocan la confianza de los mercados y otros la justicia social. Pero entre ambos extremos queda el ciudadano, esperando que alguien explique quién paga, cuánto cuesta y quién termina beneficiándose. El Congreso debería ser mucho más que un escenario para repetir consignas. Y esta sesión dejó precisamente ese desafío sobre la mesa.
  18. Steven Ramirez
    Hay momentos en los que la política debería guardar silencio. Hay momentos en los que las cámaras deberían dejar de buscar al personaje y comenzar a mostrar a las víctimas. Hay momentos en los que un presidente no necesita construir una imagen, sino demostrar que el Estado está presente. Colombia vivió este lunes uno de esos momentos. Un sismo de magnitud 7,4 golpeó buena parte del país. Al mediodía, el propio Senado reportaba 111 personas fallecidas y 87 heridas, además de comunidades enteras afectadas en departamentos como Chocó, Valle del Cauca, Risaralda y Caldas. Ante una tragedia de esta dimensión, el Senado hizo lo que institucionalmente corresponde: expresó solidaridad con las familias de los fallecidos y desaparecidos, pidió mantener la calma y recordó la importancia de acudir a información oficial para evitar la desinformación. Pero mientras el país buscaba sobrevivientes, mientras familias intentaban comunicarse con sus seres queridos y mientras los organismos de socorro enfrentaban una emergencia que apenas comenzaba a dimensionarse, apareció otra escena que merece una reflexión política. La televisión. Y allí apareció el presidente Abelardo de la Espriella. No cuestiono que un presidente hable al país. Al contrario: en una emergencia nacional debe hacerlo. Lo que cuestiono es algo diferente: la forma en que se comunica el poder cuando el país está de luto. Quienes vimos su aparición en televisión pudimos observar un gesto inicial que, en otro contexto, podría parecer completamente normal: el saludo a las cámaras, casi con la naturalidad de quien entra a una transmisión cotidiana o a un contenido para redes sociales. Pero no estábamos ante una transmisión cualquiera. No era una entrevista sobre política. No era una aparición de campaña. No era un evento de posesión. Era un país golpeado por un terremoto. Y ahí es donde la estética del personaje debe ceder ante la solemnidad del cargo. Porque Abelardo de la Espriella ya no es simplemente el abogado mediático, el empresario, el comentarista, el personaje de redes o el hombre acostumbrado a las cámaras. Es el presidente de Colombia. Y cuando habla el presidente en medio de una tragedia nacional, cada gesto comunica. El problema no es saludar. El problema es cuando el personaje parece ocupar más espacio que la institución. Colombia no necesita un presidente convertido en influencer de la emergencia. Necesita un jefe de Estado que transmita serenidad, información precisa, coordinación institucional y, sobre todo, respeto por quienes están sufriendo. La diferencia puede parecer pequeña, pero no lo es. Un presidente puede aparecer ante las cámaras para decir: “Aquí está el Estado, estamos coordinando rescates, necesitamos estos recursos, estas son las zonas afectadas y estas son las instrucciones para proteger vidas”. Eso es liderazgo. Otra cosa es que la comunicación de una tragedia termine orbitando alrededor de la imagen del presidente. Eso es personalismo. Y desde el Pacto Histórico tenemos la obligación de señalarlo. No porque queramos que al Gobierno le vaya mal. No porque deseemos que la emergencia fracase. No porque una tragedia sea una oportunidad para hacer oposición fácil. Precisamente por lo contrario. Porque una emergencia nacional exige más Estado y menos espectáculo. El Senado, en su pronunciamiento, recordó algo elemental: en momentos de crisis la información clara, oportuna y verificada puede salvar vidas. Ese debería ser el centro de toda comunicación presidencial. No la popularidad. No la pose. No la construcción permanente del personaje. La emergencia tampoco puede utilizarse para fabricar una narrativa de liderazgo instantáneo. Un Gobierno que apenas comienza tiene derecho a mostrar que está trabajando. Pero tiene también la obligación de demostrar que sabe coordinarse con alcaldes, gobernadores, organismos de socorro, la UNGRD, las Fuerzas Militares, la Policía, hospitales y autoridades territoriales. Porque ninguna emergencia se resuelve desde una cámara de televisión. Se resuelve en los territorios. Se resuelve levantando edificios colapsados. Se resuelve buscando personas desaparecidas. Se resuelve atendiendo a los heridos. Se resuelve garantizando agua, alimentación, alojamiento y atención médica. Se resuelve reconstruyendo viviendas y escuelas. Se resuelve llegando a las comunidades que históricamente han sido las últimas en recibir al Estado. Ahí está la verdadera prueba para De la Espriella. No en cuántas cámaras lo enfocan. No en cuántas veces aparece en televisión. No en qué tan convincente resulta su discurso. La prueba está en los resultados. Y hay otra cuestión que tampoco podemos perder de vista. Esta tragedia ocurre apenas tres días después de que el nuevo presidente asumiera el cargo. Es, por tanto, su primera gran prueba de Gobierno. Otros mandatarios han tenido que enfrentar emergencias similares y la historia demuestra que, cuando ocurre una catástrofe, la ciudadanía no recuerda solamente los discursos: recuerda si el Estado llegó o no llegó. Recuerda quién apareció en el territorio. Recuerda quién consiguió una ambulancia. Recuerda quién encontró a los desaparecidos. Recuerda quién reconstruyó su casa. Recuerda quién estuvo cuando las cámaras se fueron. Por eso desde el Pacto Histórico no debemos caer en el error de convertirnos en una oposición que critique cada movimiento simplemente porque lo hace el nuevo Gobierno. Hay que ser mucho más exigentes. Si el Gobierno responde bien, debemos reconocerlo. Si salva vidas, debemos reconocerlo. Si coordina correctamente la emergencia, debemos reconocerlo. Pero si utiliza el dolor de los colombianos para fortalecer una marca personal, también debemos denunciarlo. Porque nuestra oposición no puede ser mezquina. Tiene que ser democrática. Y precisamente por eso debe ser incómoda. Hoy Colombia necesita solidaridad, no propaganda. Necesita coordinación, no protagonismo. Necesita instituciones, no culto al personaje. Necesita funcionarios trabajando y no políticos preocupados por cómo se ven frente a una cámara. El terremoto sacudió edificios, ciudades y regiones enteras. Pero también puso a prueba algo mucho más profundo: la capacidad del nuevo Gobierno para entender que gobernar no consiste en ser el protagonista de todas las imágenes, sino en hacer que el Estado funcione cuando más lo necesita la gente. Desde el Pacto Histórico debemos decirlo con claridad: El dolor de Colombia no puede ser contenido para redes sociales. Las víctimas no son audiencia. Los desaparecidos no son una estadística. Los damnificados no son un escenario. Y una tragedia nacional no puede convertirse en el primer capítulo de una estrategia de imagen presidencial. Que el Gobierno trabaje. Que los organismos de socorro rescaten. Que las instituciones coordinen. Que los territorios reciban recursos. Que las víctimas sean atendidas. Y que el presidente recuerde que, en momentos como este, Colombia no necesita un influencer con banda presidencial. Necesita un jefe de Estado.
  19. Steven Ramirez
    Hay imágenes que dicen mucho más que un discurso presidencial. La fotografía de varios sectores del Congreso acompañando la posesión de Abelardo de la Espriella es una de ellas. No han pasado siquiera los primeros días del nuevo Gobierno y algunos congresistas ya parecen haber encontrado el camino más corto hacia el Palacio: el respaldo, la complacencia y la disposición a acompañar al nuevo poder antes siquiera de que este demuestre qué piensa hacer con el país. La propia comunicación del Senado resulta reveladora. Después de la posesión, congresistas de Salvación Nacional, Cambio Radical, Centro Democrático y el Partido Liberal salieron a destacar el significado del acto, hablar de descentralización, seguridad y de la expectativa frente a los primeros cien días. Nada de esto debería sorprendernos. Pero sí debería preocuparnos. Porque una cosa es reconocer que Abelardo de la Espriella fue elegido presidente y que, como corresponde en una democracia, debe gobernar para todos. Otra muy distinta es convertir la posesión presidencial en el primer capítulo de una nueva política de adhesiones, en la que algunos sectores del Congreso parecen más interesados en garantizar su lugar en la mesa del nuevo Gobierno que en ejercer la función para la que fueron elegidos: controlar, debatir y representar a la ciudadanía. Desde el Pacto Histórico tenemos que decirlo sin eufemismos: la democracia no necesita un Congreso arrodillado ante ningún presidente. Necesita un Congreso capaz de decir sí cuando una propuesta sea buena para Colombia y decir no cuando una decisión amenace los derechos de la gente, profundice las desigualdades o convierta el Estado en instrumento de unos pocos. Por eso resulta preocupante la velocidad del entusiasmo. El senador Enrique Gómez Martínez habló de un “mensaje de apoyo contundente a la Fuerza Pública”; Didier Lobo presentó la posesión en el suroccidente como una señal de seguridad; Christian Munir Garcés habló del compromiso con las regiones; y desde el Partido Liberal se expresó respaldo a la decisión presidencial y expectativa por las primeras medidas del nuevo Gobierno. ¿Dónde queda, entonces, la distancia crítica? ¿Dónde está la pregunta incómoda? ¿Dónde está el Congreso que exige garantías, que revisa las promesas, que pregunta cuánto costarán las reformas, quiénes serán los beneficiarios y quiénes podrían resultar afectados? Porque gobernar no es solamente pronunciar palabras como “seguridad”, “regiones” o “cambio”. Gobernar significa tomar decisiones concretas. Y esas decisiones tienen consecuencias concretas sobre la vida de millones de colombianos. La descentralización, por ejemplo, es una causa legítima y necesaria. Pero trasladar una ceremonia presidencial de Bogotá a Cali no descentraliza el Estado por sí mismo. La descentralización verdadera significa recursos para los territorios, capacidad institucional, inversión social, infraestructura, salud, educación y autonomía efectiva para las regiones. De lo contrario, corremos el riesgo de convertir la descentralización en escenografía. Y lo mismo ocurre con la seguridad. Nadie puede negar que Colombia necesita recuperar territorios donde las organizaciones armadas y criminales han ganado espacio. Pero la seguridad no puede reducirse a consignas ni convertirse en un cheque en blanco para el poder ejecutivo. La seguridad democrática de una sociedad también consiste en proteger los derechos de sus ciudadanos, garantizar el debido proceso y evitar que la fuerza del Estado termine utilizada contra quienes protestan, reclaman o piensan diferente. Ahí es donde debe estar el Congreso. No detrás del presidente. Al frente del poder, vigilándolo. El Pacto Histórico tiene una responsabilidad particular en este nuevo escenario. Ser oposición no significa desearle el fracaso a Colombia. Significa impedir que el Gobierno confunda el mandato electoral con una autorización para hacer cualquier cosa. Nuestra obligación será defender las conquistas sociales, la salud como derecho, la educación pública, los derechos laborales, la paz, la dignidad de los territorios y las garantías democráticas. Y hacerlo sin pedir permiso. El nuevo Gobierno tendrá derecho a gobernar. Nosotros tendremos el deber de vigilar. Y si algunos sectores del Congreso han decidido comenzar esta etapa con abrazos, fotografías y declaraciones de respaldo, desde el Pacto Histórico debemos comenzar de otra manera: con memoria, con argumentos y con independencia. Porque la historia política de Colombia está llena de congresistas que fueron oposición mientras era conveniente y gobierno cuando apareció la oportunidad. El país no necesita otra temporada de transfuguismo moral. No necesitamos políticos que descubran virtudes en cada nuevo presidente apenas se posesiona. Necesitamos representantes capaces de mantener sus principios incluso cuando el poder cambia de manos. El Gobierno de Abelardo de la Espriella apenas comienza. No se le puede condenar por lo que todavía no ha hecho, pero tampoco se le puede conceder un cheque en blanco por lo que promete hacer. Y mucho menos desde el Congreso. La verdadera prueba para los senadores que hoy celebran el nuevo comienzo no será la fotografía de la posesión. Será la votación de cada reforma. Será el debate sobre el presupuesto. Será la defensa de los derechos. Será el control político. Será decidir si representan al pueblo que los eligió o al Gobierno de turno que puede ofrecerles poder. Ahí sabremos quién tiene convicciones y quién simplemente tiene asiento. Desde el Pacto Histórico no podemos permitir que la democracia colombiana vuelva a convertirse en una feria de adhesiones. Colombia necesita oposición, necesita control político y necesita memoria. Porque cuando todos aplauden al poder, la democracia deja de tener contrapesos. Y cuando el Congreso deja de preguntar, el pueblo termina pagando las respuestas.
  20. Steven Ramirez
    La defensa de los páramos en Colombia se centra en la conservación de 37 complejos que albergan cerca de la mitad de los páramos del mundo y abastecen de agua al 70% de la población, destacando los procesos de delimitación participativa y acuerdos comunitarios. Acciones y Políticas de Protección Implementación de acuerdos con habitantes de la alta montaña y reconocimiento del valor ambiental en predios. Conocer los balances recientes sobre la gestión institucional, revisar los avances reportados por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible. Críticas y análisis adicionales sobre la normatividad
  21. El Escribidor
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    ¿Qué es la Patria Milagro? (08/08/2’026) “La Paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento.” Artículo 22 de la Constitución Política de Colombia de 1’991. Quienes actualmente quieren llevar la bandera del “Milagro”, no tienen la capacidad para hacer un milagro. Aunque, teológicamente sabemos que el Diablo o Satanás también puede hacer “milagros”. Sin embargo, los señores que hoy lo replican pretenden llevarlo al contexto de las obras realizadas en la Tierra por nuestro señor Jesús Cristo, cuando en realidad ellos pertenecen al maligno. Ellos no se toman el “Milagro” en serio, lo ven como una superstición porque en realidad no creen en Dios (YHWH). Se apropian de la metáfora e intentan jugar con ella como si esto fuera algo más de las creencias poco científicas del ser humano. Saben que buena parte de nuestra sociedad es idolatra y la que no, fanática. Aprovechan esta situación terrenal porque no están seguros de la existencia de otras dimensiones, no tienen la sensibilidad para eso, por eso su consuelo es que esta es la única realidad, y que por ende sus actos macabros no hay quien los castigue o, mejor aún: juzguen. No lo entienden, por eso se mofan de lo esotérico, de lo metafísico, de lo abstracto, de lo que el espíritu de nuestro ser oculta en lo más profundo. ¿Qué es el milagro o un milagro? Un milagro es un acontecimiento fuera de lo normal en la normalidad de nuestra tercera dimensión. O, al menos así lo catalogamos porque no tenemos la explicación científica para dicho acontecimiento, que seguramente alguna explicación científica tendrán algunos milagros, quizá la materia en combinación con la fuerza de nuestro espíritu que hace que los átomos se transformen en eso que anhelamos. Tendrá que ver con alguna fuerza mental o dominio de la energía que aún seguimos desconociendo o que en la antigüedad se conocían más. Llamamos milagro a algo que nos resulta imposible, que solamente la Divina Providencia puede resolver, quizá no tanto porque sea Celestial y haga magia, sino porque en ese más allá tienen el conocimiento para efectuarlo, como curar una grave enfermedad, por ejemplo. La leyenda bíblica menciona los milagros de nuestro señor Jesús Cristo, de los más poderosos estuvieron resucitar a los muertos recién fallecidos, o peor aún, teniendo cuatro días ya en descomposición dentro de la tumba, como fue el caso de Lázaro, su gran amigo. Son misterios que nuestra incredulidad no logra asimilar ni comprender, porque no se ajusta a la realidad a la que estamos acostumbrados, porque al final es el conocimiento el que da la seguridad, la Fe. Por eso la Fe de Cristo era fuerte, la convicción le daba la seguridad para hacer su mágica obra, que sorprendía al público haciéndole cambiar la perspectiva de su realidad, y, a aquello llamaron milagro. Para despertar estas nociones, para tener esta facultad hay un principio fundamental que debemos desarrollar en nosotros como individuos, y es hacer lo correcto, y el discernimiento para hacer lo correcto nos lo da el cultivo de la ÉTICA, que nos ayuda a diferenciar mejor lo bueno de lo malo. Cuando hacemos de ella una de nuestras cualidades fundamentales, entonces, estamos en capacidad de hacer un milagro. El milagro más cercano que podemos materializar es que todo un pueblo despierte estos mismos valores intrínsecos, convirtiéndonos en un modelo sobre esto, en ejemplo, no para ser idolatrados porque entonces nada bueno resultaría, y sería mera vanagloria, sino, para edificar nuestra sociedad, nuestro entorno. Quién siembra odio, quien dice ser bueno y los otros los malos no puede hacer milagro alguno. Quien no está presto para el diálogo y el acuerdo, no puede edificar. Quien se disfraza de ÉTICA para engañar a los pueblos y satisfacer su interés particular y el de sus aliados no puede hacer milagro, quien de esto se burla si tanto sabe sobre el milagro, podrá también entender que peca al igual que sus cómplices contra las leyes universales que sostienen la vida y la existencia y, que lo más seguro es que caiga y sea breve su paso como el de tantos emperadores que murieron en su soberbia con más pena y sin ninguna gloria. Utilizar el nombre de Cristo para hacer todo lo contrario a lo que Cristo enseña o tergiversar todo el legado del mensaje que nos dejó, no los hace merecedores siquiera del Infierno, o del Seol, o del Hades, sino que del mismo Gehena. Tampoco muestran un grado de arrepentimiento para evitarlo, o para reivindicarse en su injusto y rastrero proceder, ni quieren ser mejores personas, no están interesados en ello, sino en la efímera riqueza mal habida y el instante momento de un breve ocaso, porque el brillo que produce el oro de nuestras arcas les seduce más, amigos de lo ajeno, verdaderos atracadores, usurpadores de símbolos colectivos, actitudes demoníacas de seres hipnotizados por lo vano y la banalidad. ¿Será un milagro su caída? Quizá no tan milagrosa, porque para nosotros no será una sorpresa. Atentamente, José Antonio Támara-León. El Escribidor de La Loma del Diamante.
  22. El Escribidor
    ¿Cuál es la razón, argumento o, necesidad, para dar las fiestas de la Independencia de Cartagena (Bolívar) a una entidad privada? (04/08/2’026) Nunca “entenderé” por qué al Concejo Distrital de Cartagena se le ha ocurrido la ideota de entregar a través de un proyecto de acuerdo junto con la Alcaldía a una entidad privada las fiestas de la Independencia. Sencilla y llanamente porque no existe una verdadera razón sensata para hacerlo. Basado en leyes tergiversadas y otros ejemplos como el Carnaval de Barranquilla pretenden satisfacer la necesidad de un ente privado o particular para que controle como empresa nuestra celebración pública. Dicen ellos que no es privatización, pero, ese es el mismo cuento de siempre y sabemos hacia donde se dirige, ahí tenemos de ejemplo a Aguas de Cartagena, Electricaribe, entre otras, que tienen otra razón social, pero así es como empiezan. Uno conoce la artimaña, el sofisma con disfraz de legalidad, uno eso lo entiende, y argumentativamente todo eso se cae, sin embargo, se impone el interés personal de un gremio por encima de la dialéctica que no halla una verdadera justificación para dar a un ente privado el patrimonio nuestro. ¿Por qué tenemos que discutir esto? No era necesario, aunque ahora se hace necesario para defender el interés público. ¿Acaso al Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena (IPCC) le quedó grande administrar las fiestas de la Independencia? Si es ese el caso, se entiende entonces que el IPCC no está funcionando bien, es inoperante y debe ser eliminado. Sí, porque se despilfarra el presupuesto en algo que no funciona, en una burocracia que no está haciendo bien su trabajo. En este sentido no sería problema del IPCC como Institución, sino de las personas que ahí trabajan que quizá no tienen la suficiente capacidad para sacar adelante nuestras celebraciones Independentistas. Una solución sería poner funcionarios competentes que trabajen más por amor a la Cultura que por el sueldo, ya que este llega por añadidura. ¿Qué garantiza que esta entidad privada va a funcionar mejor que el IPCC? ¿Acaso esta entidad privada lo hará por amor a la Patria sin esperar nada a cambio? ¿Acaso los recursos o donaciones privadas para las fiestas de la Independencia no las puede conseguir el IPCC? ¿Acaso el IPCC no puede hacer lo que piensa diligenciar o gestionar esta entidad privada? No tiene sentido, porque para eso está el IPCC, y como ya lo he escrito, si no sirve para esto, hay que eliminarlo entonces, porque es esa una de las razones por las que existe el IPCC. En este caso observo que nos estamos ahogando en un vaso de agua, o, a algunos nos están induciendo a esto, porque este tiempo y espacio debimos utilizarlo no para discutir si las fiestas de la Independencia las dejábamos en manos de una entidad privada, sino, que, a través del IPCC cómo íbamos a hacer para estructurar desde las herramientas públicas nuestras fiestas. Una entidad privada no debe decirnos cómo hacer nuestras fiestas, a menos que sin ánimo de lucro nos quiera dar una sugerencia, ya eso es otra cosa. El 11 de noviembre celebramos el grito de Independencia de 1’811, en donde Cartagena se convirtió en un Estado presidencialista, donde Manuel Rodríguez-Torices fue el Presidente de esta primera Nación o República, es una celebración seria, dentro de un contexto histórico, que tiene un concepto diferente, y que no debe confundirse con un carnaval de Barranquilla que también tiene un contexto y concepto diferente, aunque en ambos se utilicen disfraces y comparsas, grupos de bailes en alusión al momento histórico. Lo del 11 de noviembre en Cartagena es una celebración más que una gran fiesta. Lo del carnaval de Barranquilla es para el jolgorio, el disfrute, el goce, el desorden, es más un asunto de monicongos, no dentro de un contexto como nuestra conmemoración que es para reflexionar e interiorizar sobre el pasado de nuestros ancestros. Es decir, nuestra celebración debería de estar dentro de un contexto más militar, de batalla, de luchas, y de libertad o emancipación, con todas las etnias que participaron en ella, destacando su cultura e idiosincrasia, de negros, blancos e indígenas, tambores y gaitas. Que tampoco es un Concurso Nacional de la “Belleza”, eso es otra cosa. Aunque el reinado popular pasa más. Nuestra conmemoración debe estar más ligada al teatro haciendo alusión a lo que celebramos. Tenemos y debemos ser serios con eso, no pongan sus intereses particulares y mezquinos por encima de nuestras gestas. Porque eso es una falta de respeto y ustedes no lo quieren entender ni comprender. No hallo verdadero motivo sensato. Hallo el anhelo de un gremio particular en busca de cómo hacer dinero con lo público y con nuestra marca poderosamente histórica. Para eso lo hacemos nosotros, porque en realidad esta marca es nuestra, de todos los cartageneros. Quien quiera ganar dinero que no sea buscando lo público, que monte una empresa privada y se haga una marca propia y, si es que en realidad saben tanto sin lugar a dudas tendrán éxito. Y si son tan geniales y aman a la Patria de verdad que nos den sus sugerencias gratis o porque también tienen sentido de pertenencia, porque el sentido de pertenencia se da gratis, no se cobra. Ya lo demás es abuso y capricho y pretensión, y desconocer nuestros símbolos que salvaguardan una maravillosa metáfora. Cualquier otra justificación estará de más. Atentamente, José Antonio Támara-León. El Escribidor de La Loma del Diamante.
  23. Omar Posada
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  24. AlveiroArias1111
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  25. El Escribidor
    Visitando a la serenísima Gran Logia Masónica ubicada dentro del sector amurallado de Cartagena (Bolívar)… (29/07/2’026) Amigos y parientes me han invitado en algún momento a pertenecer a este tipo de fraternidades, sin embargo, no lo considero necesario cuando de alguna u otra manera el Gran Arquitecto del Universo y del más allá de éste me revela los secretos de la existencia y de la vida de manera directa, me instruye y pone en mi camino el tema o el asunto que debo estudiar o la actividad que debo hacer para entender y comprender algún punto de la metafísica de las cosas, lo canalizo, extraigo y lo divulgo para que deje de ser esotérico con el objetivo de arrojar un poco de luz a la oscuridad de este sistema de mundo. Lamentablemente este tipo de logias han sido atrapadas por la moda o farándula, y quienes entran a ella no observan a veces un camino que conduzca a la verdadera Justicia. De hecho, no es la logia la que carece de Filosofía, son algunos miembros quienes abusan de la influencia y el poder que la logia pueda darle no para liberar a los pueblos que es el verdadero fin con el cual fue fundada históricamente, sino al contrario, la usan para oprimir y perseguir, y no es esa su verdadera esencia. Algunos se vanaglorian de ser “masón”, muestran sus grados sin comprender aún lo que portan, cuando siguen faltando a la Ética y, cuando no hacen nada cuando la corrupción y el fraude se institucionaliza prostituyendo la esencia del Estado que antiguos miembros de estas mismas logias fundaron, tanto, que se hacen de la vista gorda cuando alguno quiere romper sin verdadero argumento la separación de poderes y está a punto de manejar ilegítimamente alguno de estos poderes señalando a los otros, cuando es quien está verdaderamente equivocado como lo estuvo Nerón, y no sabe donde carajos está parado. La Filosofía de estas logias o fraternidades es interesante si se entiende y comprende para no hacer lo contrario. Sin embargo, a muchos les resulta difícil separarse de lo terrenal y por eso se prostituyen seducidos por el afán de riqueza material y mal habida que es lo peor, lo que quiere decir que no tienen la suficiente firmeza para no traicionarse a sí mismos. La Logia Masónica lamentablemente se ha desprestigiado, aunque sin lugar a dudas ha dejado sus aportes. El barrio donde yo resido por ejemplo, fue un proyecto masónico iniciado en 1’920, por eso se llama Manuel Rodríguez-Torices, y sus carreras y calles tienen nombres de sus antiguos miembros, como el Paseo de Bolívar, Manuel Morillo-Toro, Nariño, Santander, José María Pasos, Jorge Isaacs, Julio Arboleda, entre otros. La Loma del Diamante ya sería un simbolismo con respecto a lo que esta piedra preciosa representa por su estructura molecular que le da su esplendor físico o a simple vista. Otra fraternidad es la organización Gnóstica, que de hecho mi abuelo paterno perteneció a esta y llegó a Tercera Cámara, que no es tanto ascender, sino representar realmente el ascenso. Fue sin lugar a dudas uno de mis tantos y pocos formadores, con sus censuras y exhortaciones para que hiciera siempre lo correcto, que obviamente uno no lo comprende de inmediato, pero con el tiempo lo va asimilando, y mantiene el legado edificador. Las órdenes religiosas de la Iglesia también tienen su lado bueno, aunque han sido tentadas por el maligno y se han desviado hacia la avaricia y codicia que muestra su lado perverso. Y una orden poderosa actualmente tal cual como lo fueron los Templarios, son los Jesuitas con su poder económico, político, religioso, pero sobre todo, el de las masas que aún conservan. El problema de todas estas fraternidades es cuando llega Satanás disfrazado de serpiente y los induce a comer del fruto prohibido, olvidándose así de la verdadera misión para materializar la visión que se tuvo al momento de ser creadas. Una fraternidad que me llama mucho la atención es la Rosa Cruz, a veces me siento seducido por ella, porque al parecer ha sabido conservar los principios y valores, me parece más centrada en el objetivo, sin embargo, no debo caer en esa tentación, porque el Magnánimo (YHWH) ya reside en mi corazón y mente. Y debemos entender que el mensaje de Cristo es que cada uno de nosotros haga de su cuerpo un templo, en ese sentido es uno mismo el Sacerdote que por ser templo de Dios (YHWH) ya recibe la iluminación directa del Cielo para emanar la sabiduría que podrá contrarrestar la mentira y la desinformación de los nefastos. Cuando uno camina por el sector amurallado observa cualquier cantidad de símbolos. Obviamente quienes tenemos un amplio conocimiento sobre asuntos místicos podemos percibir toda esta información plasmada como una guía escrita en nuestro entorno por nuestros ancestros o mayores para que los más interesados la entiendan y comprendan y apliquen. Si algún día o alguna noche durmiendo el sector amurallado se llega a hundir y a desaparecer de la faz de la Tierra, será una leyenda, un mito tan grande como el de Atlantis, he ahí el poder de Cartagena (Bolívar) después de muerta. ¿Alguna otra ciudad parecida en Colombia para morir llena de Gloria? Seguramente, pero es indiscutible que para el dolor y la angustia de algunos payasitos de circos baratos y con carpas remendadas de que Cartagena por esencia misma nunca podrá ser relegada, y que ninguna lumbrera por ser lumbrera se atrevería a tanto debido a sus comprensiones, como para que un arbitrario sin criterio alguno venga a romper símbolos para imponer su charlatanería como si el traquetismo que representa fuera superior a toda esta metáfora sobre poniéndolo como establecimiento. Cuando uno quiere cambiar el establecimiento es porque llevará a la sociedad hacia una dimensión superior. Pero, ¿hacia qué dimensión trascendental nos puede conducir el proyecto de la pseudoaristocracia traqueta de la nueva burguesía narcotraficante? Es un retroceso, una dimensión inferior, infernal, y para nada mejora la que ya existe, al contrario, la sigue deteriorando. La mentira no debe institucionalizarse, ¿cuál es el rigor de la mentira? ¿Cuál es la grandeza de la desinformación? ¿Cuál es el objetivo de quienes la divulgan? ¿Acaso no sienten vergüenza de sí mismos? Quizás cuando los hagamos caer en cuenta de su miserableza, para que se sientan sucios, para que se repudien, porque su objetivo no es verdadero objetivo, no tiene asidero, es mediocre, se destruye a sí mismo y pretender destruir por capricho o pretensión algo firmemente constituido se termina cayendo, porque por esencia misma lo que está bien fundamentado no puede caerse por “tesis” efímeras. Los símbolos actuales tienen siglos de historia, es la secuencia de un trabajo sesudo de distintas generaciones, no llegaron a existir por imposición de un día para otro, porque alguien lo dijo y así fue, no. Fue la discusión, el debate, la reflexión, la interiorización, y luego la emisión de un concepto extraído de la Providencia Divina que nos iluminó para que nuestra sociedad tuviera mejor calidad de vida. Al final, todo es simbólico, la palabra que es el mismo verbo. Cuando usted quiere destruir símbolos porque le dio la gana hacerlo sin ningún sustento, es como si intentara destruir la creación, es como querer quitar el sol, la luna, las estrellas, la luz que se produce tanto de día como de noche, es querer borrar los paisajes, las estrellas fugaces, los accidentes geográficos como las montañas, eliminar los crepúsculos, o quitar la playa, o eliminar el sonido de La Mar, o eliminar el canto de los pájaros, o cuando ellos vuelan por el espacio aéreo y atraviesan las nubes, o como cuando el pelícano se lanza al mar y atrapa a un pez, o como cuando los ríos suenan, o como cuando una cascada cae, y como cuando te sumerges en la profundidad de la selva y aprecias todo ese ambiente y lo hermoso y bello que son todos esos árboles cuando los pajaritos los decoran. ¿Tú crees que puedes hacer algo mejor que eso? ¿Te crees Dios (YHWH)? ¿Crees que los “símbolos” que pretendes imponer destruyendo los que no te gustan son más evolucionados? ¿Crees que vendiendo a la Patria para proteger tu interés personal te blindará? Para nada, estás buscando la destrucción de tu propia existencia. Porque cuando intentas eliminar la creación sin tener clara la que quieres ni tener la más mínima idea de cómo hacerlo, te eliminas también a ti mismo. Eso quiere decir que detestas todo lo que ya existe, incluyendo tu misma existencia, y quieres desaparecer, pero, no quieres desaparecer solo, quieres que todo deje de existir, porque como tú no hiciste lo que existe, te da envidia tanta maravilla, y te molesta no haber tenido tú la inteligencia para diseñar esta realidad, ese es tu prejuicio y complejo, ya que careces de humildad, cualidad existente en esta realidad que odias. Si tú tuvieras la imaginación para diseñar tu propio mundo duraría poco, porque un mundo, una dimensión debe tener por esencia la ÉTICA, y sin esto tu mundo se autoeliminaría, se derrumbaría como un edificio que no tiene esqueleto, como un cuerpo sin colágeno, como una célula sin fibras, como un espacio sin color ni sabor. Eres elemental, eres básico. ¿Qué podrías construir tú? ¿Un mundo lleno de mentiras y apariencias? ¿Una fachada que en cualquier momento se derrumba? ¿Una felicidad circunstancial y vacía? ¿Una falsa realización? ¿Una lógica ilógica? ¿Construirás una falsa imagen? ¿Crees que así es como se edifica un mundo? ¿Crees que es algo desechable? ¿Esa es tu concepción sobre la existencia y la vida? Por eso no entiendes la eternidad de nuestros símbolos y metáforas, no tienes la más mínima idea del sentido figurado de las cosas y del ideal que perseguimos con el fin de materializarlos, por eso eres arbitrario, y tu egoísmo personal no te permite comprender que estás jugando con candela, porque te estás metiendo como decimos en Cartagena: con los trastos de la Iglesia. Atentamente, JOSÉ ANTONIO TÁMARA-LEÓN. El Escribidor de La Loma del Diamante.
  26. El Escribidor
    Sobre la separación de los poderes del Estado... (28/07/2'026) Por Yves De La Goublaye Rodríguez Quirós, VII Conde de Ménorval: ¿Existen algunos paralelismos posibles entre una visión real de la separación de los poderes del Estado, como intercambio afín y no como una competencia desleal que aprovechan los neo- improvisados populistas de la actualidad cuando pretenden ser los inventores de la visión dual del poder? INTRODUCCIÓN Cuando nos tocó hacer frente a los desafíos que nos planteaba el Movimiento Estudiantil del mayo 68 francés a nuestra generación en el seno de los debates que se produjeron entonces en la Sorbona en París, tres meses después de la Invasión de Praga POR LAS TROPAS DEL PACTO DE VARSOVIA que tuvo lugar en marzo de 1968, nos vimos sumergidos en el clima que se da en estas situaciones de confrontación ideológica entre diversas formas de concebir el poder, cuando uno de los lemas reinantes era “prohibido prohibir” entre otras consignas, íbamos a tener que acostumbrarnos a todo lo que ha sucedido en el pasado, en crisis de tanta envergadura, donde se debía partir de la teoría "de la mesa rasa,” donde todo era puesto en duda, hasta bien no se vuelva a probar todo pensamiento acumulado del pasado, todo valor interpretativo o todo juicio a priori sobre cualquier tema de sociedad que se crea necesario debatir en aquellas circunstancias en que ya estábamos acostumbrados a los razonamientos rigurosos del Derecho y de pronto aparecieron los estudiosos de la Filosofía del Derecho para recordar la esencia del pensamiento jurídico que nos han de guiar en los debates planteados en aquellos momentos históricos. Por supuesto que no puedo olvidar dicha experiencia vivida entonces, con los paralelismos que estamos observando ante esta crisis mundial, regional, por una parte, como igualmente en la dimensión del Campanario Local, lo que nos lleva a proceder a hacer un ejercicio similar al que hicimos en mayo 68 en París. La diferencia radica fundamentalmente en el concepto de legitimidad y en el concepto del constitucionalismo del Derecho Clásico que distribuye el poder para que ningún órgano se atribuya el monopolio de la soberanía. En cambio, los autores de las narrativas políticas dualistas suelen sostener que sólo una de las partes posee el mandato verdadero, convirtiendo la función de control de las demás instituciones en algo sospechoso, obstruccionista o imprescindiblemente nefasto, con excesos de paranoia o de narcisismos enfermizos, pues no desean retomar en los debates, la discusión sobre la filosofía del Derecho. Aquí está mi perspectiva: sí, existen contrastes absolutos entre la teoría clásica u orgánica de la separación de poderes y la dinámica "dualista", de la política populista actual, con grandes matices en la lucha por el poder, por mantenerse en la Cumbre del Poder, según los estudios y las investigaciones que hemos realizado de acuerdo con las Ciencias Políticas, en referencia a las élites del Poder y a los diferentes grupos de poder, que nos lleva a profundizar este importante tema. Para más detalles, les invito a consultar mi libro subido a amazon.com: “EL MOVIMIENTO DEL MAYO 68 FRANCÉS, A TRAVÉS DE UN OBSERVADOR” (ENSAYO) En cambio, las narrativas políticas dualistas suelen sostener que sólo una de las partes posee el mandato verdadero, convirtiendo la función de control de las demás instituciones en algo primordial para el fortalecimiento institucional de la democracia en el mundo en general y en Costa Rica, en particular. Por lo tanto, el debate que se espera debe tocar un dilema fundamental de la teoría política, de saber: sí, la división de poderes deberá ser pensada ya sea como un ecosistema colaborativo de restricción mutua o como un escenario binario y antagónico dual. A. Separación como interdependencia vs. Separación como oposición. En la tradición clásica (desde Montesquieu hasta Madison en Los Papeles Federalistas), la fórmula a priori de la separación de poderes nunca se concibió como un aislamiento absoluto o una guerra hostil (una "competencia desleal"). En su lugar, se estructuró como un sistema de pesos y contrapesos (checks and balances): un conjunto de responsabilidades superpuestas que exigen cooperación, consulta y la búsqueda deliberada de consenso. El modelo clásico o interdependiente: Los poderes son independientes en sus funciones, pero están entrelazados en su ejecución. El Poder Ejecutivo necesita al Poder Legislativo para el presupuesto y la aprobación de las leyes; el Poder Legislativo necesita al Poder Judicial para hacer cumplir los límites de las facultades de cada poder, tal como lo indica la Constitución Nacional y el Ordenamiento Jurídico vigente; y el Poder Judicial depende del Poder Ejecutivo para hacer cumplir sus sentencias. Se trata de un "intercambio afín": un equilibrio diseñado para evitar la tiranía, manteniendo al mismo tiempo la gobernabilidad y la gobernanza Institucional . El modelo antagónico o dualista: Los marcos populistas suelen simplificar la dinámica política reduciéndose a una dicotomía estricta de suma cero: "el pueblo" (representado habitualmente por el Ejecutivo o por un líder carismático) frente a "la élite o al establishment corrupto" (frecuentemente identificado con los frenos judiciales o legislativos). En este esquema, el poder se concibe de forma dual: legitimidad justa de un lado frente a obstrucción gobernanza necesaria ilegítima del otro. B. Paralelismos y divergencias. 1. El origen del "doble poder": Aunque el discurso populista moderno presenta con frecuencia este esquema de "nosotros contra ellos" —o de un "poder puro" frente a "instituciones obstructivas"— como un descubrimiento político reciente, el concepto de doble poder (doblelastia) tiene sus raíces históricas en las teorías revolucionarias clásicas, por ejemplo, en el planteamiento de Lenin sobre los Soviets frente al Gobierno Provisorio en 1917. Por otra parte, la narrativa populista actual reinventa el poder al reinterpretar las instituciones no como fuerzas de equilibrio, sino como entidades hostiles que compiten de manera desleal contra el mandato popular. 2. Fricción vs. Sabotaje: Montesquieu señaló que cierta fricción entre los poderes es saludable porque frena los impulsos y evita la autocracia. Sin embargo, cuando la fricción se convierte en deslegitimación —es decir, cuando un poder considera que la autoridad del otro es totalmente nula—, el equilibrio colapsa y da paso a la parálisis Institucional o al exceso autoritario. 3. El rol de las reglas: En una República Constitucional, la competencia ocurre dentro de reglas de juego procesales previamente acordadas, como una partida de ajedrez donde ambas partes aceptan el tablero. En la dinámica de hiperpolarización o populismo actual, la contienda suele desplazarse hacia la redefinición de las reglas mismas, tratando los controles institucionales como una "competencia desleal" diseñada para frenar la "voluntad de la mayoría". Por lo tanto, la diferencia radica fundamentalmente en el concepto de legitimidad. El constitucionalismo clásico distribuye el poder para que ningún órgano se atribuya el monopolio de la soberanía. En cambio, las narrativas políticas dualistas suelen sostener que sólo una de las partes posee el mandato verdadero, convirtiendo la función de control de las demás instituciones en algo sospechoso, obstruccionista o prescindible. En el próximo post, analizaremos lo que está sucediendo en Costa Rica en torno a cómo se está manejando esta diatriba. (CONTINUARÁ).
  27. El Escribidor
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    Subasta... Este es sobre un sueño o una imagen prehistórica que me llegó a la mente hace varios meses. Mi padre mamando gallo me pregunta que de qué raza son los dos perros. No, son reptiles, dinosaurios. Otro amigo confundió las pirámides con volcanes, seguramente porque estaba ebrio. Eso quiere decir que la obra está buena porque produce alucinaciones. Mide 50 cm con 70 cm. ¿Cuánto me ofrecen? Porque con el precio y valor de la anterior se asustaron. Lo que más me gustó de esta imagen que me llegó de otra dimensión o quizá del recuerdo genético que uno guarda a nivel celular y molecular fue, el pterodáctilo —que parece ancestro de los dragones— y, el ambiente y sensación tropical y Caribe... Los dinosaurios vivían sabroso, sin lugar a dudas. Y sin lugar a dudas será la portada de algún futuro libro que escriba. Atentamente, TÁMARA-LEÓN. El Escribidor de La Loma del Diamante.
  28. El Escribidor
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    Subasta... Esta pintura abstracta Ras-Tafari mística la hice para decorar mi espacio o entorno, sin embargo, si me dan 500 mil pesos por ella la vendo. Aunque podría hacer otra igual o diferente. Sin lugar a dudas se convertirá también en una de las portadas de alguno de mis libros literarios y poéticos. Mide 80 cm con 60 cm. Atentamente, TÁMARA-LEÓN. El Escribidor de La Loma del Diamante.
  29. El Escribidor
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    Sobre libro “Preguntas indiscretas”… (23/07/2’026) Luiz Báez fue un periodista cubano. Por lo que leí en este libro convencido de la revolución, de estar en el lugar correcto haciendo lo correcto. Aquí Luis Báez entrevista a varios personajes que en algún momento marcaron la historia de América Latina desde la derecha hasta la izquierda, como Omar Torrijos General y expresidente de Panamá que sin lugar a dudas en el accidente aéreo que sufrió lo provocaron los gringos; Salvador Allende al que le dieron golpe de Estado los gringos con su títere Pinochet; Raúl Castro; José Figueres Ferrer expresidente de Costa Rica y que decía que la CIA trabajaba para él; Nicolás Guillén el poeta, entre otros, como cardenales, y agentes de la CIA infiltrados en Cuba que tuvieron como objetivo asesinar a Fidel Castro sin comprender cómo pudo éste burlar tantos atentados sin ni siquiera proponérselo, como si algo Divino lo estuviera protegiendo, o, sin entender los asuntos místicos y esotéricos de la vida y de la existencia cuando se tiene la tranquilidad de que estamos haciendo lo correcto y nuestra verdad apabulla la maldad, y que estos agentes de la CIA propiamente cubanos terminaron encarcelados en Cuba y olvidados por los gringos quienes los pusieron a su servicio, utilizándolos y después botándolos como a un trapo viejo. Eso pasa cuando el ser humano es lame suela y no tiene verdaderas convicciones, con un falso orgullo, arrogante, soberbio, prepotente y carente de toda humildad, con un odio nacido de la propaganda de gringolandia, aunque, con intención de agradar a los gobernantes gringos que no son amigos de nadie, sino que de sus intereses individuales, por eso es que uno como ser humano debe tener criterio y personalidad, a nadie hay que intentar agradar, porque entonces viviríamos metidos en un falso teatro todo el tiempo, debemos ser uno mismo, fluir, tener objetividad, hacer lo correcto, defender nuestras posturas con decencia y, por fuerzas mayores, defender nuestra vida de aquel que todo lo quiere solucionar con la violencia, porque es eso o la vida. Por eso no pudieron matar a Fidel, hasta sin chalecos antibalas andaba, y como él mismo decía de que no tenía armas nucleares, sino que algo mejor, el poder nuclear de las ideas, para qué armas, si es la idea quien ordena utilizarlas… Entonces es en la mente del adversario donde uno tiene que dar, porque cuando uno tiene verdaderos argumentos, sensatos, éticos, morales, dignos, con criterio, carácter y honor, esencialmente maduros, llega el adversario y en su psiquis choca contra esto, porque su misma mente le dice: “¡Cobarde!” Tal cual como el mismo Nerón llegó a repudiarse cuando supo que estaba cerca su final y huyó y se dio cuenta que huía como los cobardes, incapaz de recibir su final con honor, luchando en el pedazo, tuvo que salir corriendo como si tuviera cagalera. Es entonces cuando uno se pregunta: “¿Cuál era su guapura?” Son personas que en realidad mentalmente no están bien estructuradas, hacen bulla, gritan, amenazan y a la hora del té se quedan fríos como un pedazo de hielo. Fidel era contrario a todo esto, y estaba preparado para morir en cualquier momento como un prócer o mártir. Esto no lo entiende cualquiera, porque para entender esto se necesitan muchas cualidades, y tener las gónadas bien entrenadas. Y aunque muchos tontos la denigren, la Filosofía esto enseña. ¿Por qué tienen que matar? ¿No les avergüenza en pensar matar a alguien simplemente porque no pueden con sus argumentos o porque les dice la verdad? La impotencia mental los induce a esto, y cuando la impotencia los induzca a esto tiene uno que estar preparado para pararse en la raya, a lo caballero. Ya que el miedo es de ellos, no de nosotros. Ellos son los satánicos, los diabólicos, y el Diablo es el ser más cobarde del Universo, dentro y fuera de este. Para eso son las metáforas. Decía un derechista que entrevistaron en este libro, precisamente el agente de la CIA que quiso matar a Fidel, ya arrepentido cuando observó que lo dejaron solo sus jefes, de que, nosotros perseguimos un ideal, y que este ideal es más poderoso y nos une con más fuerza, ellos, en realidad no tienen ningún ideal, son individualistas y por eso más miedo le tienen a la muerte, al encierro, a la tortura, reciben órdenes y les pagan por esto, son mercenarios, pero en realidad ningún ideal tienen, por eso, cuando caen no tienen una fortaleza espiritual como la nuestra, porque no tienen verdaderas convicciones y causas justas, ya que su única idea efímera es eliminar por odio sin tener una verdadera razón más que el rencor, porque intimidar y matar a un ser que busca noblemente edificar a la sociedad no tiene verdadero ideal, al contrario, cuando asesinan a un instrumento de la verdad también destruyen la edificación de un mundo mejor y, cuando el asesino se da cuenta de esto, también se repudia, y hasta es capaz de suicidarse y pegarse también un tiro en la cabeza. Lamentablemente esto lo llegan a entender cuando han cometido el crimen, cuando ya es tarde. Por eso muchos matones desde sicarios de baja categoría hasta de altos niveles viven en conflicto interno, tanto que ya desean ser asesinados porque no hay cosa tan terrible como el remordimiento de consciencia y la vida les empieza a heder, todavía más cuando han asesinado a personas inocentes. Aunque algunos para superar esta vergüenza humana interna buscan justificar sus actos, se autoengañan, no obstante, sigue siendo terrible y viven internamente un infierno. Hasta que llega el momento en que los autores intelectuales buscan la manera de reivindicarse, y es cuando empiezan a hacer cosas buenas para la sociedad, y la sociedad o parte de ella empiezan a celebrarle, y eso los hace sentir mejor, perdonados por Dios (YHWH). Atentamente, TÁMARA-LEÓN. El Escribidor de La Loma del Diamante.

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