Ensayo sobre libro de Suetonio de las “Vidas de los doce césares”… (25/05/2’026)…
Ensayo sobre libro de Suetonio de las “Vidas de los doce césares”… (25/05/2’026)…
De España, antiguos celtas o galos heredamos lo de Roma; de Roma, etruscos y troyanos, heredamos también lo de Grecia; de Grecia heredamos lo de Egipto, sin lugar a dudas lo de todo oriente, como del antiguo pueblo de Israel, el verdadero, no el falso de hoy día y noche. De Egipto heredamos también lo persa y babilónico y africano, y por eso la Sumeria; de Sumeria heredamos la mítica Atlántida occidental, pero nada que ver con el actual occidente desconectado de otras realidades más profundas. No obstante, venimos de una civilización quizá más antigua que España, porque ésta se mezcló después con ella, y fue cuando ellos llegaron a lo que llamaron América, y que nuestros hermanos aborígenes han decidido llamar “Abya Yala.” Porque también heredamos el legado de nuestros ancestros los caciques. Entonces todo eso se mezcla, y no solamente heredamos todas estas culturas y su información, sino que toda esa información la llevamos en nuestros mismos genes, escritas en el ADN, donde tenemos una extensa Biblioteca que no hemos leído porque poco interiorizamos sobre nosotros mismos, en uno mismo está todo el conocimiento del mundo, del planeta Tierra, del universo, el origen de la vida, de la existencia. Por eso cuando uno lee un libro antiguo nuestra sangre empieza a vibrar, a hacer efervescencia, porque se apasiona lo que se revive, porque en la sangre está el espíritu que hemos heredado también de todos nuestros ancestros, donde cada uno creó su propia historia y nos la transmitió en un gen como si fuera un libro. Por eso nos llegan recuerdos antiguos, no porque hayamos reencarnado, sino, porque nuestra mente está conectada a nuestra sangre, y en nuestra sangre están los códigos genéticos, y por ende los recuerdos de nuestros antepasados que llegan a nuestro pensamiento como destellos de luz y sufrimos bellas revelaciones. Por eso, uno debe leer los libros antiguos que hicieron nacer los nuevos, para recordar el legado que nos dejaron, no para repetirlo, sino que para mejorarlo y trascender más que ellos. Aunque no es una reencarnación literalmente hablando, sí figurativamente podría ser la encarnación en uno de todos los recuerdos que genéticamente heredamos y que seguiremos transmitiendo a nuestros descendientes, por eso uno debe esforzarse por hacer una historia individual decente y con altura y cultura y arte y Ética, para que sea transmitida y de ella nazcan mejores seres humanos para una mejor evolución del espíritu y del pensamiento que conecte la mente de nuestros sucesores con la vida y la existencia en todas sus dimensiones.
Podría decirse que es un libro histórico, sin embargo, por el rigor literario podría decirse también que es un gran ensayo o, quizás una novela histórica que hoy se ha puesto bastante de moda. O quizás una crónica exquisitamente escrita, con imágenes que a uno lo trasladan al lugar de los hechos o acontecimientos y, hasta a ponerse en el pellejo de los emperadores romanos, queriendo cambiar la historia o lo que pudo haber hecho mejor cada uno de ellos. Porque a casi todos el poder los encegueció de alguna u otra manera. Algunos mejor preparados para el poder que otros. Unos más humildes y otros más soberbios. Unos más degenerados que otros. Otros más vanidosos que algunos. Algunos con cualidades bellas o sublimes o divinas y, al mismo tiempo abominables. Incesto, pedofilia, adulterio, fratricidio, genocidio, gula, codicia, avaricia, mentira, conspiración, vanidosa pompa, propósitos contranaturales con fuertes orgías que Sodoma y Gomorra les quedaba pequeño, psicopatía, sadomasoquismo, deslealtad, vanagloria, falso orgullo, injusticia; tan egocéntricos que algunos eran peor que una reina del Concurso Nacional de la Belleza en sus ademanes cuando recibían los aplausos del pueblo. No obstante, sin lugar a dudas, en ninguno faltó la formación artística, la erudición, aunque unos más ventajosos que otros en erudición como Augusto, por ejemplo, por eso se alimentaban del favor del pueblo, y les afectaba cuando lo perdían. Eran buenos actores, ya sea histriónicos o tímidos, poetas algunos, escritores otros, cantantes, músicos, atletas y buenos para la guerra en especial los más homosexuales o afeminados porque tenían estilo y clase en el combate o la batalla y también por ser tan cultos y sensibles, aunque la gula los engordó y les dejó la cabeza calva lo que les acomplejaba como a Domiciano. Aunque Vespasiano le pedía a los satíricos que escribieran algún chiste sobre su calva. Tenían finura por su cultura a pesar de ser también asesinos y de matar por matar. Eran lectores, hablaban en Latín y Griego y escribían en estos idiomas. Nerón por ejemplo a pesar de ser el que más mató gente en Roma, admiraba a los escritores que se expresaban contra él, porque lo hacían con fuerte capacidad argumentativa que él en su vasta formación no podía refutar. Y aunque actualmente los políticos corruptos aplican el sistema de Roma, ninguno como los emperadores, porque al lado de ellos todos son brutos, y carecen de esa chispa Divina porque no creen en otras dimensiones diferentes a la terrenal, que en la antigüedad se tenía y aunque fuese demoníaca el Diablo se ha degenerado hoy más que ayer que ya hasta las artes desprecia porque al final son cualidades supremas de Dios (YHWH).
Los doce césares a los que el colega Suetonio hace referencia a pesar de haber escrito este libro en tiempos de Adriano, son Julio César, Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio, Nerón. Aunque Nerón fue el último por decirlo así de los descendientes directos del César ya sea por sangre o por adopción, además, de que estos seis eran verdaderamente patricios, tenían linajes antiguos desde la fundación de la misma Roma. Después de Nerón llega Galba, Otón y Vitelio, que se pelearon el poder y el sucesor asesinó al predecesor, como también ocurrió con los emperadores patricios, por ejemplo se dice que Nerón participó en el envenenamiento de Claudio, así como Calígula se dice que hizo con Tiberio. Sin embargo Galba fue muerto por la espada, así como Otón, aunque este dramáticamente se mató con un puñal antes que llegara Vitelio. De la misma manera hizo Vespaciano con Vitelio, y después le sucedió su hijo Tito y su nieto Domiciano. Estos seis últimos no tanto de linaje patricio, más bien plebeyos, pero con buena formación, sin embargo Vespaciano se ufanaba de su plebeya estirpe que fue ascendiendo hasta ganarse el respeto de los patricios. Y durante su reinado supo usar políticamente su humilde procedencia.
Julio César fundó una nueva República, aunque algunos intentaron traer las costumbres de la antigua República. Extendió los territorios del Imperio, fue un visionario de guerra; por lo general los militares que han estado en la batalla y el combate tienen algún desprendimiento de los bienes materiales, no digo que Julio César fuera desprendido de esto porque la riqueza le servía para materializar sus proyectos, sino que ya teniendo todo poderío no había mejor gloria que el favor del pueblo y mejor riqueza que esa. Trató bien a sus soldados y les dio terrenos para que construyeran sus casas, pagó bien, aunque fue tan permisivo en algunos aspectos que Roma llegó a tener mil senadores. Como todos llenos de virtudes y de vicios, aunque bastante aterrizado en realidad sí fue padre de la Patria. Cometió una serie de crímenes, pero contra los criminales. Napoleón en toda su gloria lejos está de parecerse a Julio César. Sus contradictores decían que era homosexual y en los debates en el Senado: el hombre de todas las mujeres y la mujer de todos los maridos. Algunos gritaban que sería deshonroso ser gobernado por una mujer refriéndose a Julio césar. Aunque tuvo hijos con Cleopatra, se dice que fallecieron. Adoptó a su sobrino Octavio para que fuera su sucesor, y cuando lo mataron Octavio se cambió el nombre por Augusto, el nombre que usaban los pontífices. Augusto gobernó en triunvirato durante doce años con Marco Antonio y Lépido, después cuarenta y cuatro años solo, fue el emperador que más tiempo estuvo en el poder de estos doce césares, cincuenta y seis años. Gozaba de buena reputación, cuidaba esta imagen por la responsabilidad que tenía sobre sus hombros, aunque se le intenta desprestigiar cuando se afirma que era mujeriego y también le gustaban algunos jóvenes. Le sucedió Tiberio quien no quiso ser emperador, pero que le tocó, y al principio se mostró tranquilo, pero después sacó las garras, quizá decepcionado de la vida, asesinó a mucha gente cuando empleaba “justicia”, y con sevicia las torturaba, las ponía a agonizar y las tiraba por un acantilado vivas, tanto fue el terror que Tiberio generó, que cuando Roma supo sobre su muerte salió todo el pueblo a celebrar. Tiberio era pedófilo y le gustaban los muchachos, Suetonio menciona una especie de trío. Le decepcionó la infidelidad de Julia hija de Augusto que le había dado por esposa. Después Calígula fue más asesino que Tiberio, nombró a un Caballo Cónsul, y le hizo un palacio con sirvientes; mientras que Tiberio acumuló riquezas, Calígula las derrochó dispendiosamente, al fin, mataron al tirano que no era fácil de derrotar. A este le sigue Claudio, más tímido, menos asesino, quizá por ser más maduro de edad, aunque lo consideraban antes de ser emperador el ludibrio de Roma, se casó con su sobrina Agripina y era padrastro de Nerón a quien adoptó, tuvo un hijo llamado Británico, al que Nerón siendo emperador lo envenenó porque cantaba mejor que él. Hasta que llega a ser Nerón emperador a los diecisiete años de edad, tremendo personaje. Nerón fue tremendo criminal, una de las formas que más utilizaba para eliminar a quien le caía mal era envenenándolo. Era mujeriego, y en la litera, cometía incesto con su madre, tenía quizá el complejo de Edipo. Se enamoró de una liberta y quería casarse con ella, pero como él era patricio y emperador no debía hacer eso porque legalmente no estaba permitido, entonces buscó la forma de demostrar que ella tenía linaje patricio también, hasta que se le pasó la obsesión y no prestó más atención al asunto. Le gustaba salir en las noches con el rostro tapado a robar por las calles de Roma con las que hizo fortuna, hasta que una noche casi le sacan los ojos y menguó estas actividades. También tuvo relaciones homosexuales, a veces activo, que hizo cercenar a su novio los genitales y lo vistió de mujer y le puso peluca y lo paseaba por Roma y públicamente le daba besitos. Y también se consiguió un esclavo, pero en esta ocasión hizo de pasivo, y se ponía a gemir como mujer cuando era penetrado, así como gemían las mujeres con las que él se acostaba, quizá lo hacía por irreverencia.
A Nerón le gustaba la poesía, el canto, escribía, dice Suetonio que muy bien. Participaba en los concursos artísticos, en especial de canto, y alguna vez no pudo participar porque estaba muy ocupado en otras cosas, y le dijo al ganador que había ganado porque él no pudo participar. Al pueblo le gustaba cuando Nerón cantaba y olvidaban que era un criminal. Alguna vez el pueblo dijo que se incendiara Roma después de que muriera Nerón, entonces Nerón decidió incendiar a Roma primero antes de su morir. Hizo desangrar a Séneca, su maestro, pero en verdad Séneca fue quien creó a ese Nerón tan peligroso que después se le salió de las manos. Estuvo en Grecia y quiso entrar como iniciado en los misterios de Eleusis, y cuando el Sacerdote le dijo que los requisitos eran no haber matado ni ser ladrón, entonces él dijo que no estaba para perder tiempo en esas supersticiones y se fue. Cuando ya se aburrieron de él, hubo conspiración como siempre, y mandó a matar a los conspiradores, al principio se mostró fuerte, pero al observar que no cedían y que se ponían más en su contra y perdía ejércitos entró en pánico cuando sintió cerca la muerte. Entonces huyó junto con algunos amigos hacia una casa de campo de un liberto, y se llevó a su compañero de amor al que había hecho travesti, entonces descubrieron el sitio donde se encontraba, y como se había enterado del edicto y de su condena, porque le torturarían tanto como él lo hizo con otros, decidió quitarse la vida, y mientras desangraba decía que el arte estaba muriendo. Nerón se reprochó a sí mismo su cobardía. En cuanto a Galba, Otón y Vitelio, su reinado fue de meses, con más pena que gloria. Llegó Vespaciano, hombre de pueblo, un Julio César plebeyo, hombre de guerra, que conocía el comportamiento del pueblo, padre de Tito quien fuera bueno con el arco y con quien tuvo buena relación y mutua confianza, tanto que Vespaciano siendo emperador dejaba que Tito se hiciera cargo de los asuntos del Imperio. Era Tito bueno con el arco, y eso se lo heredó su hijo Domiciano, aunque no tan digno César.
El ser humano que no cree en otras dimensiones, que piensa en esta realidad como la única o la firmemente establecida, y cree que esta será eterna, y que nunca va a cambiar, busca glorias terrenas de este sistema de mundo, acumula riquezas mal habidas que nacen de los recursos naturales y se adueña de estos con derramamiento de sangre, mentiras, difamaciones, engaños, cinismo. Es una vanidad que termina con la muerte. Y en especial esta actitud se observa en los politicastros, que se dejan llevar por las ambiciones elementales del mundo con codicia y avaricia. El maligno los obnubila. Cuando en realidad la verdadera riqueza es uno mismo, su ser, su espíritu y, sin esto cualquier riqueza terrenal es efímera, y para lo único que puede servir es para convertirse en esclavo de ella y sostenerla aunque toque matar. Fueron estos reinos del mundo Romano que Satanás, en la leyenda bíblica le ofreció a Jesús Cristo, que Julio César había logrado cuando sometió a las Galias, es decir, hoy Francia, España, Bélgica, Alemania y parte de Suiza, y por otra parte Judea, Siria, Egipto, hasta la misma Grecia y toda Italia, entre otras. Y Cristo lo rechazó, sabiendo que eran o son poca cosa comparado con el Reino Celestial que está fuera de este universo, más allá del átomo y que sostiene a toda la materia. Y no lo rechazó porque el Padre (YHWH) le hiciera mejor oferta o lo del Diablo fuera menos grande, no, sino, porque no es lo Justo, lo sensato, no es un camino Ético, no tiene gracia, ni verdadero sentido para la vida, ni verdadero propósito para la existencia. Porque la gloria de este sistema de mundo es vacía, mediocre, que dice mucho del dueño del sistema, un ser cobarde porque juega sucio y con trampas, con engaños, sin verdadero argumento, que instrumentaliza la debilidad de los reyes para sus proyectos mefistofélicos. Y allí, observamos como terminan los doce césares, como todos los reyes y emperadores y faraones de toda la historia de la humanidad, en la gravedad de la muerte, donde queda pisoteada toda la soberbia de aquellos que gobiernan con falta de humildad. Fiel ejemplo de lo que le ocurrirá al maligno cuando sea eliminado de toda la faz de la existencia dentro y fuera de ella y borrado de la psiquis de toda imaginación… Entonces será cuando los verdaderos príncipes gobiernen sobre la Tierra.
Atentamente, José Antonio Támara-León.
Poeta y Escribidor de La Loma del Diamante.
Cartagena (Bolívar), República de La Gran Colombia.
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